sexta-feira, 11 de novembro de 2011

Primeira entrevista do ETA após o fim da luta armada


O Jornal basco GARA(Somos) publica a primeira entrevista exclusiva com dois guerrilheiros da ETA após a decisão do grupo de encerrar a luta armada.


Por mais de 50 anos o Grupo Separatista Basco ETA( Euskadi Ta Askatasuna- Pátria Basca e Liberdade) lutou pela independencia do Pais Basco( EUskal Herria)

A entrevista realizada pelo jornal basco GARA com a organização ETA que acaba de declarar o fim de suas atividades armadas, depois de 50 anos de luta, constitui uma peça jornalistica de indubitável interesse. Por isso o jornal fez a tradução do euskera para o castellano que postamos hoje em nosso blog.

O conjunto da entrevista apresenta a posição da ETA, que mostra «um compromisso absoluto com o processo de resolução do conflito político".

Ao final os revolucionários bascos deixam claro sua nova estratégia com uma frase decisiva: " Agora mais do que nunca o futuro é do povo"


La declaración de ETA tiene carácter histórico. Después de 50 años, ¿cómo llega la organización a tomar esta decisión?


La decisión está ligada al momento histórico del proceso de liberación. Y aunque se ha producido ahora, el origen de la reflexión se puede situar, por los menos, una década antes, cuando comenzamos a considerar que en Euskal Herria había condiciones para la materialización del cambio. Sin embargo, visto desde entonces, no ha sido un proceso estructurado y lineal. Podemos decir que ha supuesto un proceso de maduración de una profunda reflexión.

En medio de esa reflexión aparecía una pregunta: si hemos frustrado el intento de asimilación y si hay condiciones para el cambio, ¿qué debemos hacer para que esas condiciones sean factores decisivos para efectuarlo?

Asimismo, surgió una nueva realidad. El potencial que mostró la experiencia de Lizarra-Garazi encendió todas las alarmas en el Estado, que decidió dar un salto cualitativo en su estrategia: dejar a la izquierda abertzale, a través de la ilegalización, fuera del escenario político. Sin base social, sin referente político-institucional, con las opciones de profundizar en la construcción nacional anuladas, el objetivo del Estado consistía en reducir la iniciativa de la izquierda abertzale sólo a lucha armada, con la esperanza de que la represión policial la neutralizara.

Todo ello provocó un parón en el proceso de liberación: el bloqueo. Y lo que era aún más perjudicial, colocó en grave peligro las condiciones creadas. La izquierda abertzale debía tomar la iniciativa, para escapar de esa trampa y para poner las bases del nuevo ciclo político cuyo objetivo debía ser materializar el cambio. Pero no se podía hacer de cualquier forma. Había que dotar de credibilidad al camino a recorrer, y era preciso dar un impulso decisivo para abrir el nuevo ciclo en toda su dimensión. Había que cerrar un ciclo para abrir del todo el nuevo. Y eso incidía de lleno en la lucha armada.

Por tanto, además de sobre el momento histórico, había que debatir específicamente sobre la lucha armada...

Sí, así es. Y no es un debate sencillo. Pero la preocupación principal era la siguiente: si Euskal Herria sigue oprimida y sus derechos conculcados, ¿qué vamos a hacer para destruir el muro levantado por los estados? A nuestro entender, en estos 50 años, la lucha armada ha hecho su aportación, una gran aportación, para llegar al momento en el que estamos y para generar las condiciones existentes. Pero ha mostrado también señales de agotamiento para, de aquí en adelante, fortalecer el proceso y lograr mejores condiciones. En el momento en el que nos encontramos, lograr mayor adhesión hacia nuestro proyecto, acumular fuerzas para confrontar con el Estado como pueblo y activar la mayoría social que está a favor del cambio serán las claves para echar abajo ese muro. Por eso ha tomado ETA esta decisión histórica. Para recoger la cosecha de estos años de lucha y ponerla al servicio de esa estrategia.

Sin embargo, las autoridades españolas dicen que la decisión es fruto de la derrota. ¿Qué les contestarían?

El discurso de la derrota es parte de la estrategia de los estados, fabricado con el objetivo de provocar desánimo en la izquierda abertzale y neutralizar las opciones que esa decisión abre en este momento político. Sin embargo, la realidad es otra bien distinta, y el nerviosismo resulta notorio entre quienes se encontraban cómodos con la situación anterior. Como hemos señalado, los estados prepararon la trampa para acabar con la izquierda abertzale, pero hemos escapado y hemos llevado la confrontación a un nuevo escenario, fuera de su control.

Además, la izquierda abertzale no ha variado sus objetivos políticos, no ha dejado de luchar. Al contrario, se han incrementado el apoyo y las opciones para lograr esos objetivos, y también ha crecido la credibilidad del camino propuesto. El independentismo se ha estructurado firmemente y se ha provisto de nuevos recursos. El reconocimiento de Euskal Herria y de su derecho a decidir es una reclamación de la mayoría de la sociedad vasca. La opresión estatal y su cerrada actitud están cada vez más erosionadas en Euskal Herria. El conflicto está a la vista de todos, y la necesidad de su resolución se encuentra en el centro del debate político. Y España y Francia saben que cada vez tendrán más dificultades para soslayar esa situación. Todavía tenemos un buen trecho por delante hasta lograr la libertad, y no será fácil, pero vamos a ello. Con total determinación.

Sé que no es un registro habitual en ustedes, pero ¿qué es lo que han sentido después de tomar esta decisión?

No es fácil exponer lo que tenemos dentro. Se acumulan muchos sentimientos. Una decisión de este calado te trae a la mente a todos los compañeros que pertenecen o han pertenecido a esta organización. A los compañeros que la lucha se ha llevado para siempre. A quienes aún están presos. A los ciudadanos y ciudadanas que en el conjunto de Euskal Herria han ayudado a ETA. A los miembros de la izquierda abertzale. Te trae al recuerdo los momentos duros de la lucha, sus momentos difíciles, el sufrimiento. Pero, también, los momentos hermosos vividos con los compañeros. Las alegrías que nos ha producido y las tristezas que nos ha dado la lucha.

Hay un gran sentimiento de responsabilidad. Por esos compañeros, por Euskal Herria, por la lucha de liberación. También existe felicidad y orgullo, por todo lo que esta organización, en su pequeñez, ha hecho hasta ahora. Hay convencimiento e ilusión, por el nuevo escenario que se le ha abierto al proceso de lucha. Y esperanza de ofrecer un futuro de libertad a nuestros hijos e hijas.

Y, por qué negarlo, existe el sentimiento de haber perdido algo, el mismo sentimiento que ha tenido mucha gente en Euskal Herria. Porque ETA no sólo somos los miembros que la componemos. ETA, sobre todo, es del pueblo. El camino recorrido hasta ahora ha marcado la vida de todos nosotros. Nos ha dado una forma de ser, una identidad. Se la ha dado a Euskal Herria. Y aun sabiendo que se trata de una decisión para dar impulso a la lucha de liberación, resulta difícil evitar ese nudo interno provocado por tanto sentimiento acumulado.

¿Cómo valoran las reacciones obtenidas por la declaración?

Se puede decir que, en la mayoría de los casos, han seguido el guión preestablecido. No obstante, hay que subrayar que todos han constatado la importancia de la decisión histórica. Todos saben que se ha abierto un nuevo ciclo, y han querido fijar la posición respecto a ese nuevo periodo.

Por otro lado, en general, ha recibido numerosas respuestas positivas en la sociedad vasca y entre los agentes vascos. La decisión ha fortalecido la reclamación de la solución integral, y se demanda pasos concretos a Madrid y París. Ambos gobiernos no han dado la talla. ¿Cómo se puede plantear que no se debe hacer nada cuando la sociedad vasca e importantes agentes internacionales les están interpelando directamente? El Gobierno de Gasteiz también ha andado despistado, lejos de la realidad vasca. Está bien abrir una ronda de diálogo con los diversos agentes, pero resulta bastante vergonzoso que una iniciativa emprendida con urgencia tenga como objetivo decir que no hay urgencia.

En todo caso, más importante que las reacciones actuales será el comportamiento que cada agente tome de cara al futuro, y no sólo por parte de los gobiernos de Francia y España. En Euskal Herria algunos han puesto como excusa la actividad armada de ETA. Eso se ha acabado. ¿Y ahora qué? ¿Qué hará ELA? ¿Qué hará el PNV a favor de Euskal Herria? ¿Qué se va a hacer para lograr el derecho a decidir? ¿Qué van a hacer el PSOE, el PP y UPN ante las demandas de la mayoría de la sociedad vasca?

Se ha destacado la «prudencia» de Rajoy. ¿Comparten esta apreciación?

Es verdad que esa reacción rompe con el discurso negativo, agresivo y sin sentido de hasta ahora. Ante esta coyuntura histórica, quien tiene muchas posibilidades de ser presidente de España debe actuar con responsabilidad, y es de suponer que Rajoy lo ha entendido así.

La declaración es la respuesta que dan ustedes a la Conferencia Internacional, pero va más allá, ¿no?

Sí. Aunque se sitúa en la hoja de ruta que dibuja la Conferencia Internacional, la decisión tiene una dimensión estratégica y responde al ciclo que se ha abierto en el proceso de liberación.

Sin embargo, la conferencia ha supuesto un hito. ¿ETA ha tenido relación, de forma directa o indirecta, con los agentes internacionales?

Sí. Tal y como señalamos en el comunicado de finales de setiembre, llevamos mucho tiempo trabajando por impulsar el proceso de solución y, para ello, resultaba muy importante incrementar la participación de la comunidad internacional. Por eso, no sólo hemos tenido relación, sino que hemos tomado compromisos ante ella.

¿Y con el Gobierno español?

No se ha producido ninguna reunión directa entre ETA y el Gobierno de España. Sin embargo, podemos decir que, en los últimos meses, hemos tenido un conocimiento mutuo y, que nosotros sepamos, el PP está al corriente.

Una de las aportaciones de la conferencia fue la de dirigirse al Gobierno francés. ¿Cómo debería responder?

Tendría que dar una respuesta positiva. Francia es parte del conflicto y debe tener una participación directa en su resolución. Además, en Francia se están alzando cada vez más voces solicitando pasos del Gobierno. No puede eludir por más tiempo su responsabilidad, como si fuera un mero problema español.

¿Ha habido algún tipo de acuerdo, base pactada o algo similar?

En primer lugar, hay que aclarar que el proceso actual es diferente respecto a los que hemos conocido hasta ahora. Ante la cerrazón de los estados, la izquierda abertzale tomó la decisión de iniciarlo desde su propia iniciativa, sin esperar a la voluntad de los estados. Es por eso que ha dirigido su iniciativa y compromisos hacia Euskal Herria y la comunidad internacional, para activar cada vez más fuerzas a favor de la resolución justa y democrática del conflicto, hasta lograr, poco a poco, resquebrajar la estrategia estatal. Fue una decisión valiente y creemos que está siendo fructífera. Los estados mantienen su cerrazón, pero cada vez con mayores dificultades, cada vez con mayor desgaste.

Volviendo a su pregunta, no existe un acuerdo concreto o resolutivo para la superación del conflicto, pero se está dibujando la secuencia de los pasos que debe seguir la vía de solución, componiendo una especie de hoja de ruta. Los pasos que deben dar las diferentes partes están fijados, y hay que avanzar en ellos.

Las elecciones generales españolas están a la vuelta de la esquina y se da como seguro que habrá cambio de gobierno. Teniendo en cuenta las posiciones tan duras que ha mantenido el PP, ¿qué consecuencias puede tener ese hecho?

En nuestra opinión, cuál es el partido que gestiona el Gobierno español no supone una variable decisiva. Además, en comparación con la posición del PP, no se puede decir que el Gobierno del PSOE haya mostrado una especial voluntad para acometer la solución democrática del conflicto.

Sea cual sea el color que tenga el Gobierno de España a partir del 20 de noviembre, tendrá sobre la mesa el conflicto que mantiene con Euskal Herria. Tendrá también el llamamiento concreto hecho por la Conferencia Internacional y por la propia ETA. Y también las reivindicaciones de amplios sectores de la sociedad vasca de que respete los derechos de los presos políticos, de que termine con la estrategia de ilegalización y de que reconozca los derechos del pueblo vasco. A nuestro juicio, más allá de caer en especulaciones, la clave se encuentra en que cada vez más ciudadanos y ciudadanas se comprometan en torno a esas reivindicaciones y la presión aumente.

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UNA MIRADA AL PASADO


Es una decisión muy importante. Se puede hablar de hito histórico. Con una mirada retrospectiva, ¿cuáles han sido en la historia de ETA otros momentos decisivos como éste? Es decir, ¿con qué otros momentos históricos se puede comparar el presente?

En el transcurso político de estas cinco largas décadas ha habido muchas resoluciones importantes sujetas a las circunstancias de cada momento. Sin embargo, son tres las decisiones más importantes que ETA ha tomado en su historia, que han marcado y marcarán la historia reciente de Euskal Herria. La primera, en pleno franquismo, cuando se constituyó ETA para hacer frente al Estado español y para liberar Euskal Herria. La segunda, cuando la reforma española no atendió a las reclamaciones de Euskal Herria y se produjo la división entre las fuerzas abertzales, con la decisión de ETA de continuar con la lucha armada. Y la tercera, ésta de ahora, con el anuncio de su fin.

En todo caso, hay que dejar claro que ETA no ha sido jamás un mero grupo armado de naturaleza política, sino una organización política que en un momento histórico decidió practicar la lucha armada.

Sin embargo, el PNV dice que ETA es un error desde su nacimiento o, al menos, que la decisión que se ha adoptado ahora debía haberla tomado hace 30-35 años. Afirma que se equivocaron, tanto ETA como el conjunto de la izquierda abertzale, ante la reforma del franquismo.

En Euskal Herria no hay muchos que vean un error en el nacimiento de ETA. ¿Cómo estaba Euskal Herria? ¿Qué ofrecía el PNV ante esa situación?.

El surgimiento de ETA cambió de raíz la situación y dejó consecuencias profundas a futuro. Ante la desesperanza que provocaba la asfixiante opresión, amplió la oferta de la lucha por la libertad, y, junto a ello, impulsó la recuperación política, social y cultural.

Es cierto que hace 34 años la posibilidad del fin de la lucha armada estuvo sobre la mesa. Aquello fue en Xiberta, y la elección del PNV lo malogró, cuando aceptó el marco de partición impuesto por España y cuando prefirió zambullirse en su gestión. A consecuencia de esa elección, el PNV logró ámbitos de poder, a cambio de participar de lleno, junto con las fuerzas españolas, en el intento de neutralizar al independentismo. ¿Cuál es el balance de esa elección en lo que respecta al futuro de Euskal Herria? Siendo durante muchos años la fuerza hegemónica y gestionando las principales instituciones, ¿qué ha hecho el PNV para que el derecho a decidir del pueblo vasco sea reconocido? ¿Cuáles son las opciones que el marco vigente ofrece para la libertad de Euskal Herria? Ha sido la estrategia del PNV la que ha fallado. Y no lo dice sólo ETA, sino cada vez sectores más amplios de la sociedad vasca. Es por eso que el PNV utiliza un discurso tan agresivo contra la izquierda abertzale.

La izquierda abertzale no picó en el anzuelo y, en la fase posterior de la reforma, se comprometió con la defensa de Euskal Herria, a la vez que se involucraba totalmente en el trabajo de la construcción de la nación vasca. En aquella época, frente al entramado jurídico-político que buscaba la desaparición de Euskal Herria, ETA adoptó una trascendente decisión: continuar con la lucha armada. Y mediante la lucha armada, entre otras cosas, se impidió que el modelo de imposición de la reforma se afianzase en Euskal Herria. Mediante la lucha armada, entre otras cosas, Euskal Herria ha llegado a tener abiertas las puertas de la libertad.

Dicen que son ellos quienes han protagonizado la construcción nacional...


Por suerte, ha habido mucha gente en la labor de construir la nación vasca, entre ellos, también militantes del PNV. La construcción nacional la ha hecho el pueblo: en la dinámica por el euskara, en la cultura, en la enseñanza, en defensa de la tierra, en defensa de los derechos de los trabajadores...

El «auzolan» ha suplido la falta de compromiso institucional. Y más aún, el compromiso popular ha tenido que hacer frente a los ataques dirigidos desde las instituciones gestionadas por el PNV. No hay más que ver el daño que ha hecho a los ciudadanos y ciudadanas el modelo neoliberal que ellos han sostenido. Euskal Herria ha seguido adelante gracias a la ciudadanía y al movimiento popular, y así será también en el futuro.

Sin embargo, la historia no es perfecta. ¿Tiene la autocrítica lugar respecto a lo hecho durante todos esos años?

Nosotros no hacemos una lectura lineal de nuestra historia. Sabemos que hemos cometido errores, y que no hemos acertado siempre. Nos esforzamos por aprender de esos errores y de corregirlos en la medida de lo posible. Como organización revolucionaria, nos guiamos por una autocrítica permanente, de la que también son consecuencia los cambios de estrategia o sus adecuaciones.

Con todo, la izquierda abertzale cuenta con una característica que le hace más fiable respecto al resto de fuerzas: que siempre ha antepuesto los intereses de Euskal Herria a cualquier otra cosa, y que ha actuado con valentía y generosidad en su defensa.

¿Xiberta, Argel, Lizarra-Garazi y el último proceso de negociación pueden calificarse de fracasos?

De ninguna manera. Esos hitos históricos no nos satisfacen del todo, en la medida en que no hubo posibilidades de llevarlos a término, pero todos ellos han dejado cosas positivas, todos ellos han dejado enseñanzas.

Quizá Xiberta sea el episodio más decepcionante. Fue la primera ocasión para responder como pueblo a la negación de Euskal Herria, pero no fue posible. Supuso una ruptura profunda, una herida que tres largas décadas después no se ha cerrado. Una herida de la que también se ha alimentado el conflicto. En Argel, logramos sentar al Estado en la mesa de negociación. Aquello supuso el reconocimiento del conflicto y el reconocimiento concreto de una organización que lucha por la libertad; dio credibilidad al camino escogido. Lizarra-Garazi cambió el escenario político de raíz y de forma permanente. Si, con el objetivo de aislar a la izquierda abertzale, el Pacto de Ajuria Enea ideó esa división entre violentos y demócratas, después, en un lado se colocaron los abertzales, los sectores de izquierdas y los demócratas que sostenían que la clave de la resolución del conflicto residía en el derecho a decidir del pueblo vasco, y en el otro, los partidarios de la Constitución española. Las condiciones que hoy en día citamos a menudo fueron sembradas con aquella semilla. Y en el último proceso quedaron establecidas las claves del método y del contenido para la resolución del conflicto.

El proceso de liberación es dinámico y se construye gracias a la acumulación de diferentes experiencias. Por eso, seguramente había que pasar por esas fases para llegar al punto en el que nos encontramos. Se puede decir que hoy nos encontramos con el desarrollo de todo aquello, acumulando fuerzas y estructurando un nuevo proceso negociador. Contamos con toda aquella experiencia.

Sin embargo, no se profundizó suficiente en las oportunidades surgidas. ¿Por qué?


Cada momento histórico necesitaría una lectura específica y, seguramente, no habría una lectura única y perfecta. En estos casos, cada parte tendría que preguntarse a sí misma si hizo todo lo que estaba en su mano.

Ello no quiere decir que todas tengan la misma responsabilidad. La izquierda abertzale ha iniciado cada proceso con la intención de llevarlo hasta el final, con responsabilidad, con el objetivo de alcanzar una solución justa y democrática. ETA ha cumplido todos los acuerdos y cuando los procesos se han roto formalmente ha seguido en la misma línea. El Estado español, en cambio, ha actuado con malicia. No buscaba la paz y la resolución, sino neutralizar la lucha de liberación. Ha buscado la ruptura de los procesos nada más iniciarse, porque consideraba que sería la izquierda abertzale la que pagaría las consecuencias. También hay que citar la posición del PNV. Ha estado mirando a los intereses partidistas, con miedo a la situación que se crearía si un proceso así saliese adelante. En Argel, su posición fue determinante en la ruptura, y en el último proceso se alineó con el Estado. En Lizarra-Garazi, puso freno cuando vio la potencialidad con la que contaba el proceso para hacer el camino hacia la independencia.

Además de la posición de cada parte, en todos los procesos la izquierda abertzale ha extraído una conclusión común: que no ha profundizado suficientemente en la activación popular. El pueblo debe ser el protagonista. Sólo el pueblo puede garantizar el desarrollo del proceso.

¿Y por qué va a ser en esta ocasión diferente?


No se puede saber cómo será en esta ocasión. El final está sin escribir. La ciudadanía vasca y, en especial, los miembros de la izquierda abertzale deben tenerlo muy presente. Se puede tener la tentación de pensar que todo está atado. que se resolverá no se sabe en qué mesa. No. La ciudadanía debe construir el proceso y los miembros de la izquierda abertzale tienen una gran responsabilidad. Nadie nos dará nada, lo tenemos que ganar nosotros, con el trabajo y lucha diaria.

La izquierda abertzale ha entrado con determinación. Además, la decisión de ETA fortalece esa disposición. Después, el proceso se puede alargar en el tiempo, en función del comportamiento de los estados y de la madurez de las fuerzas políticas. Pero no hay otra alternativa que no sea el propio proceso. El pueblo lo tiene que alimentar para llevarlo hasta el final.

Resulta evidente que para llegar a esta coyuntura histórica ha tenido mucha influencia la reflexión, el debate y las decisiones de la izquierda abertzale. La resolución «Zutik Euskal Herria» se aprobó a comienzos de 2010. Visto desde hoy en día, ¿qué valoración hace ETA de aquel proceso?

Quisiéramos realizar un primer apunte. Muchas veces se relaciona la actual situación con aquel debate. Tiene su importancia, en la medida en que se realizó un ejercicio para el cambio de estrategia. Pero, en nuestra opinión, por decirlo de alguna manera, no nos encontramos en el segundo o tercer año de la apuesta política, sino en el 52º. Seguramente podríamos ir más atrás. Este punto de vista es fundamental en la reflexión de la izquierda abertzale, para recordar de dónde venimos y a dónde vamos.

En todo caso, la izquierda abertzale acertó de pleno en su reflexión. Hizo una lectura adecuada del momento histórico del proceso de liberación y de la estrategia de los estados. Estableció una estrategia eficaz para superar el parón en el proceso de liberación y entrar en la fase decisiva sobre las condiciones gestadas por años de lucha. Aunque la idoneidad de esta estrategia habrá que juzgarla a largo plazo, en comparación con la situación de hace un par de años -viendo dónde estábamos y dónde estamos-, su trayectoria ha demostrado ya, pese a todas sus deficiencias, la fertilidad del camino abierto y la viabilidad del proceso.

En todo caso, en ese proceso es evidente que no hubo una sintonía plena en la lectura sobre la fase política, o eso es, al menos, lo que ha trascendido...

Sí, es verdad. Hubo diferentes lectura, y eso influyó en el debate de los diferentes aspectos de la estrategia: respecto al momento de abrir el proceso, a su caracterización o a la función de la propia lucha armada. En otros casos, aun estando de acuerdo con la estrategia, las divergencias estuvieron en sus concreciones. Y más allá de las lecturas diferentes, hubo otros problemas, sobre todo sobre la forma de abrir y desarrollar el debate. Aunque fue una discusión fructífera, dejó heridas y dudas. ETA, atendiendo a su responsabilidad, ha hecho autocrítica, porque en ese momento no cumplió debidamente la función que le correspondía hacia la izquierda abertzale.

En esa situación, el Estado español realizó un gran esfuerzo por auspiciar la escisión en la izquierda abertzale. Pero no lo logró, porque la izquierda abertzale ha demostrado una gran madurez y responsabilidad. Se dispusieron los medios para gestionar las contradicciones y unificar criterios, aceptando siempre que pueden existir diferentes visiones y que ello es lícito. Hoy podemos decir con orgullo que existe una fuerte cohesión interna en la izquierda abertzale, a diferencia de lo que pasa en otras muchas fuerzas.

Diferentes responsables y representantes políticos han concedido gran trascendencia al «relato» del conflicto. Al parecer, debe quedar claro que el origen principal del problema es ETA. ¿Qué es lo que dice ETA ante ello?


El relato del conflicto habrá que hacerlo al encauzar la resolución del propio conflicto. Nosotros queremos que sea el relato de cuando Euskal Herria recuperó la paz y la libertad, para que sea la historia que alguna vez se estudie sobre la constitución del Estado Vasco. Y quisiéramos que fuera un ejercicio colectivo, en el que cada cual escriba el apartado que le corresponde.

Sin embargo, quienes quieren escribir ahora el relato desean dejar para siempre al pueblo vasco en la situación de imposición actual. Por eso quieren colocar a ETA como origen del problema, en contra de toda lógica. El conflicto no comenzó con el surgimiento de ETA y no ha terminado cuando ETA ha anunciado el final de su actividad armada, tal y como demuestran, con suficiente claridad, las reivindicaciones de solución de la sociedad vasca.

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ÁMBITO DE NEGOCIACIÓN

ETA-GOBIERNO

Se muestran dispuestos a sentarse en una mesa para abordar y dar una solución a las consecuencias del conflicto. Uno de los temas principales es el de los presos. En opinión de ETA, ¿de qué forma, en qué términos, hay que encararlo? ¿Dónde se sitúan los mínimos en esta cuestión?

En primer lugar, hay que darle una respuesta en términos políticos y generales. Cuando hablamos de cerrar un ciclo, la solución debe ser colectiva. En segundo lugar, el proceso debe traer consigo la vuelta a casa de todos los presos y presas vascos. Cualquier otra opción sólo puede plantearse desde propósitos de venganza o por intereses políticos particulares, pero no si se pretende construir una solución firme y duradera. ¿Alguien puede imaginarse la paz con las cárceles de España y Francia llenas de presos políticos vascos? Otra cosa, importante también, es cómo se lleva a cabo eso. Es lo que hay que hablar y acordar en la mesa de diálogo.

El tiempo también tiene su importancia. Debería resolverse cuanto antes, tanto por el aspecto político como por el humano. Eso daría al proceso una gran fortaleza y credibilidad.

¿Y los exiliados? Puede haber situaciones muy dispares en ese colectivo.

Hay situaciones diferentes, sí, y la salida a algunas de ellas no debería retrasarse mucho. El propio Colectivo de Exiliados ya ha tomado la iniciativa con anterioridad, a modo de iniciativa política. Por lo demás, también en este caso sirve lo manifestado respecto a los presos políticos. Todos los exiliados vascos deben estar en casa.

¿ETA pretende representar a todos ellos, o esos colectivos deben tener voz propia?


Esos colectivos tienen voz propia y deben seguir teniéndola, sin duda alguna. En la medida en que son agentes políticos, tienen derecho a participar en el proceso. Para construir un escenario de paz y libertad, constituyen uno de los activos políticos principales de Euskal Herria, y creemos que les corresponde una función importante a la hora de impulsar y reforzar el proceso.

En el ámbito negociador, en la medida en que deben superarse las consecuencias del conflicto en su globalidad, ETA asume la gestión de esos aspectos. No lo haría si no contara con la autorización de ambos colectivos. Además, de cara a la negociación, ETA ha adoptado un compromiso concreto: no tomará ninguna decisión que afecte a los presos y exiliados vascos sin contar con su aprobación.

La cuestión de las víctimas creará gran expectación y, quizá, mucha polémica. ¿Cuál será la posición de ETA?

En este tema existe una gran utilización política y manipulación. La principal víctima del conflicto es Euskal Herria, un pueblo que han pretendido hacer desaparecer y que ha sido continuamente agredido. Un pueblo que no ha podido construir su futuro desde la libertad. Las principales víctimas han sido las vascas y los vascos. No hay generación que haya conocido la paz y la libertad. ¿Quién mide el daño y el sufrimiento que ha provocado esa realidad? Se menciona el sufrimiento de estos últimos 43 años, ¿pero quién pone el límite? También podríamos retrotraernos más en el tiempo. Podríamos citar las matanzas sufridas por el pueblo vasco en el último siglo. ¿O es que la actual confrontación armada no prendió de los rescoldos que dejó el bombardeo de Gernika?

La confrontación armada de las últimas décadas ha causado mucho sufrimiento, sin duda. También las acciones de ETA. No somos insensibles.

Hemos conocido el sufrimiento en nuestras propias carnes. Sabemos lo que es perder compañeros de lucha, qué es el dolor, qué supone no tener al lado a los seres queridos. Pero no podemos estar de acuerdo con esa lectura que pretende hacer olvidar las claves del conflicto. No podemos estar de acuerdo con ese propósito de condenar la lucha por la libertad. No podemos estar de acuerdo con esa única realidad que pretenden presentarnos, y tampoco con esa actitud fascista y la sed de venganza que se está alimentando en los últimos años en España.

ETA tiene un compromiso absoluto con el proceso de resolución. Hay que solucionar definitivamente el conflicto, en su globalidad, superando todas las violencias y abordando las raíces del mismo. Ése es el único camino para construir un escenario de paz real y duradero y para garantizar que el conflicto no provocará más sufrimiento.

Junto a ello, hay que trabajar la memoria histórica. Se habla mucho del reconocimiento del sufrimiento y de las víctimas. Es importante. Y hay múltiples víctimas y sufrimientos generados por la violencia de los estados que siguen sin ser reconocidos: el terrorismo de estado, la tortura, los asesinatos de militantes de ETA, la violencia de las fuerzas policiales... En la mayoría de los casos, incluso se niega que haya ocurrido.

Euskal Herria está repleta de fuerzas policiales. ¿El proceso debe influir en esta situación?

El proceso debe conllevar la desmilitarización de Euskal Herria, sin duda alguna. El final de la confrontación armada no podría entenderse si Euskal Herria permanece llena de fuerzas armadas. Porque ¿cuál sería su objetivo si no es la amenaza de conculcar la voluntad de la ciudadanía vasca? ¿Cuál sería su función si no es la persecución de la actividad política del independentismo? Si la solución debe ser democrática, no debe estar bajo la amenaza de fuerzas armadas.

Además, es un paso fundamental también para cerrar las heridas que ha dejado el conflicto. Los distintos cuerpos armados han causado mucho dolor en este pueblo. Las páginas más oscuras de ese relato que hemos mencionado las ha escrito la Guardia Civil. Supondría un paso de gran importancia para la conciencia colectiva de la ciudadanía vasca.

¿Están dispuestos a hablar de desarme? ¿Han hablado de ello, por ejemplo, con la Comisión de Verificación?

La cuestión de las armas está incluida en la agenda de la negociación entre ETA y el Estado, y estamos dispuestos a hablar de ello y también a adoptar compromisos, en la lógica de la solución de todas las consecuencias del conflicto.

En cuanto a la segunda pregunta, no; no hemos tratado sobre ello con la Comisión de Verificación. Seguramente podría jugar un papel, pero hay que ir paso a paso.

¿Qué modelo negociador prevén? ¿Dónde, cómo, quién, ante quién...?


Hay que configurar un modelo negociador fuerte y efectivo. Para ello, hay que emprender conversaciones directas entre ETA y los estados español y francés, con la dinamización de algún agente internacional que ayude al proceso. Creemos también fundamental la participación de observadores internacionales para hacer seguimiento del desarrollo de los acuerdos que se adopten y, por tanto, como garantía del cumplimiento de esos acuerdos.

Respecto a la agenda negociadora, en nuestra opinión, hay tres temas principales: la vuelta a casa de todos los presos y exiliados políticos vascos, la inutilización de las armas de ETA y la desmilitarización de Euskal Herria. En la mesa de negociación hay que acordar las fórmulas para desarrollar todo eso, y se puede prever que será necesaria la ayuda de asesores.

El modelo está bastante asentado según la experiencia de anteriores procesos. Y ETA está dispuesta. Por lo tanto, el proceso de diálogo podría iniciarse mañana mismo si los gobiernos dan una respuesta positiva.

¿Y si los estados no están dispuestos a dar ningún paso significativo?


Puede que lo intenten, con la convicción de que bloqueando este carril frenarán el proceso político. O que lo hagan porque, simplemente, no quieren ninguna solución. Observando anteriores experiencias, no hay ninguna razón para confiar en la voluntad de los estados.

Eso dificultaría la situación, en la medida en que el proceso requiere de la participación de los estados. ¿Cómo se le podría hacer frente? Asumiendo el reto. Hay que actuar con paciencia, sin resignarse, prosiguiendo con la lucha y el trabajo diario, agrupando nuevas fuerzas, dando mayor eficacia a las ya existentes... El proceso no se va a desarrollar sólo en la mesa negociadora. La reivindicación y la presión popular tienen una función decisiva. Además, la decisión de ETA ha dado una responsabilidad añadida a toda la ciudadanía, y especialmente a la base social de la izquierda abertzale. Son tiempos de compromiso. Y resulta fundamental ser conscientes de ello.

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SOLUCIÓN POLÍTICA


Que el conflicto político requiere una solución política es una convicción extendida en Euskal Herria. Además, cada vez son más las voces que abogan por una nueva estructura jurídico-política. El derecho a decidir también es una referencia. ¿Cómo observa ETA el desarrollo del ámbito de la resolución política?

La resolución política debe responder a las claves del conflicto para que en Euskal Herria se instale una situación democrática. El primer paso es el proceso de diálogo que debe desarrollarse entre los agentes políticos y sociales vascos. Evidentemente, este proceso tendrá que llevarse a cabo sin ningún tipo de violencia ni de injerencia. El objetivo de las negociaciones debería ser un acuerdo democrático en el que se recoja una formulación pactada del reconocimiento de Euskal Herria y del derecho a decidir. De esa manera, todos los proyectos políticos serían materializables, incluida la independencia.

El acuerdo democrático debería recibir el respaldo legitimador de la ciudadanía vasca, en forma de ratificación en una consulta popular. A partir de ahí, debería abrirse un proceso de negociación entre los estados y una representación de los agentes políticos y sociales de Euskal Herria. No sobre el contenido del acuerdo, porque eso sólo les corresponde a los agentes vascos, y a los ciudadanos y ciudadanas vascos; el objetivo de esas negociaciones sería la aplicación de ese acuerdo democrático.

¿Detrás de estas opiniones existe una voluntad de tutelaje sobre la resolución política? Se trata de una de las acusaciones que siempre se ha repetido contra ETA.

ETA nunca será una amenaza para ese proceso, como ya ha quedado bien claro. Nunca lo ha sido. ETA tiene su opinión y hace sus reflexiones. Eso es lo que estamos haciendo. Pero ETA no estará sentada en la mesa de la negociación política. La que represente en esa mesa a la izquierda abertzale en su conjunto será la unidad popular, principal referencia política de la izquierda abertzale.

Las fuerzas favorables a España y Francia deberían participar por medio de los representantes que esos partidos tienen en Euskal Herria. Es necesario. Pero a partir de ahí, el proceso no debe sufrir ningún tipo de amenaza o injerencia exterior. Ni de los estados ni de nadie. Debe ser un proceso caracterizado por la voluntad y el deseo de la ciudadanía vasca; basado en su palabra y en su decisión.

También en otras ocasiones han manifestado que la voluntad de la ciudadanía constituye la base y la referencia. ¿Creen que se ha avanzado lo suficiente para que eso sea posible?

Se ha avanzado en lo que concierne a la conciencia y la madurez política de la ciudadanía vasca. Los ciudadanos y ciudadanas vascos quieren tomar la palabra, tanto en el proceso democrático como en el día a día de la vida política y social.

Por lo que respecta a las fuerzas favorables a España y Francia, aún no han hecho ese ejercicio democrático. Si pueden imponer su proyecto por la fuerza, no les importa la voluntad popular. No hay más que ver la arrogancia del Gobierno de Gasteiz, aun consciente de que carece de legitimidad democrática. De todas formas, no les será fácil dar la espalda a las demandas de la ciudadanía.

¿Tendrán las fuerzas políticas la suficiente madurez para materializar un acuerdo político que responda a la raíz del conflicto?

La sociedad vasca no aceptaría otra cosa. Desgraciadamente, en algunos sectores aún no se percibe suficiente madurez. Temen perder la privilegiada posición que les han otorgado la división de Euskal Herria y la imposición. Por eso ven el proceso como una amenaza, cuando debería ser una oportunidad para todos.

Creemos que se equivocan, porque el pueblo vasco no acepta por más tiempo ofertas políticas basadas en la imposición. También ellos están haciendo esa reflexión. Esos partidos saben que, en la situación que se ha abierto en Euskal Herria, tienen que reconsiderar sus posiciones si no quieren alejarse demasiado de la sociedad vasca. Pero está por ver si los resultados de esa reflexión les llevan a sumergirse en el proceso democrático. Por eso, la llave la tiene la sociedad vasca. El proceso se acelerará desde la exigencia y activación popular.

Surgen muchas dudas en torno a la forma de resolver la cuestión de la territorialidad.

Es una de las cuestiones clave del proceso. España y Francia han levantado su primera trinchera en la división territorial. Y con una situación de imposición de muchos años, han cavado un profundo agujero. Pero la resolución del conflicto político debe abordar al conjunto de Euskal Herria. En los diálogos entre los agentes políticos y sociales vascos debe buscarse una formulación concreta para el reconocimiento de la realidad nacional de Euskal Herria; teniendo en cuenta la actual realidad institucional, pero sin que la profundidad de ese agujero se convierta en un problema insalvable.

Es evidente que los ritmos serán diferentes. ¿Ven opciones de que en Ipar Euskal Herria se produzcan también cambios significativos?


Está claro que la confrontación con los dos estados ha tenido una evolución diferente y que la percepción de la sociedad y la evolución del nacionalismo tampoco ha sido la misma. Eso debe tenerse en cuenta, y puede influir en los ritmos y las formas. Pero en cuanto a los contenidos, siendo el conflicto político el mismo, las claves también son parecidas: reconocimiento y derecho de decisión. En Lapurdi, Baxe Nafarroa y Zuberoa existe una importante conciencia sobre eso, y desde sectores muy amplios se reivindica una institución propia que recoja el reconocimiento de Euskal Herria y que dote de los recursos necesarios para responder a sus necesidades. El reto es estructurar todo ello, con el objetivo de alcanzar el acuerdo democrático. La evolución de todo el proceso y la Conferencia Internacional pueden suponer un impulso.

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PROYECTO POLÍTICO

¿Cuál podría ser la primera meta del proceso que se ha abierto en Euskal Herria? Históricamente la izquierda abertzale ha realizado propuestas concretas de cara a un marco democrático. ¿Se puede llegar a ese nivel? A priori, este proceso no lo garantiza, ¿verdad?

Además de superar las consecuencias del conflicto, se necesita el acuerdo democrático que ponga en vías de solución el conflicto político y que sitúe el suelo democrático. Ese es el primer objetivo del proceso: el reconocimiento de Euskal Herria y del derecho a decidir. Una vez instalado ese jalón, cada fuerza política tendrá la opción de presentar su propuesta. Será entonces cuando la izquierda abertzale haga la suya. Como usted dice, no hay garantía de que vaya a salir adelante. Eso depende del nivel de adhesión que sea capaz de recabar cada propuesta.

Siempre se han marcado como objetivo un Estado Vasco independiente. Después del paso histórico que acaban de dar, ¿cómo puede ser el camino hacia ese estadio?

Estamos recorriendo el camino hacia la independencia. Estamos estructurando el independentismo para que cuente con la referencialidad y el protagonismo que debe tener en la vida política de Euskal Herria. Hemos dado pasos importantes y hemos recibido el respaldo de muchos ciudadanos. Pero en este nuevo ciclo que acabamos de abrir, la izquierda abertzale tiene que prepararse para recorrer el camino hasta el final. Con una perspectiva a largo plazo, para reforzar las alianzas y recabar la adhesión de la mayoría de la ciudadanía. Y no sólo eso: debemos crear los mecanismos que nos permitan llegar a ser Estado; un Estado que esté al servicio de la ciudadanía y garantice la justicia social.

La construcción nacional debe ser el cimiento fundamental de la estrategia independentista. Y eso exige dar un salto importante en la organización, fortalecer la principal referencia política de la izquierda abertzale, de carácter independentista y socialista. Además, a medida que el proceso avance, deberán liberarse nuevas energías para la estrategia independentista, como las que hasta ahora han tenido otras funciones relacionadas con el conflicto. La izquierda abertzale se encuentra ante un gran reto, tan difícil como hermoso.

En lo que respecta a las fases, prevemos un proceso largo y escalonado mientras se crean las condiciones necesarias para dar el salto a la independencia. La primera batalla principal estará centrada en conseguir el reconocimiento de Euskal Herria y del derecho de decisión. Posteriormente, se puede prever la apertura de una fase de transición entre el reconocimiento del derecho de autodeterminación y su aplicación. Para esa fase de transición, la izquierda abertzale deberá hacer su propuesta táctica de cara a la consecución de la unidad territorial y a hacerse con nuevos recursos para profundizar en la construcción nacional. No se puede saber cuánto se prolongará esa fase; dependerá de las condiciones que seamos capaces de crear y del nivel de adhesión que recabe el proyecto independentista.

La crisis económica ha puesto en solfa todo el modelo. La izquierda abertzale, además del cambio político, asegura que también se necesita un cambio social. ¿Este proceso puede aportar algo en ese ámbito?

Tiene que hacerlo, sin duda. El proceso es integral y con muchas variables; entre otras, la del modelo social y económico. Euskal Herria necesita de mecanismos para responder a la situación actual, instrumentos que satisfagan las necesidades de la ciudadanía vasca. Y eso está estrechamente vinculado con el reconocimiento de Euskal Herria y del derecho a decidir. Incluso más en este momento en el que, desde el punto de vista económico, la dependencia respecto a España y Francia se está convirtiendo en un lastre.

¿Cuentan los estados con una oferta política para los vascos? El español, concretamente, sufre una profunda crisis. ¿Qué puede conllevar esa situación?

Los estados no tienen oferta política para Euskal Herria. El modelo que nos imponen no satisface los deseos de la ciudadanía vasca y no tiene respuestas para las demandas del pueblo vasco.

Ha citado la crisis del Estado español, y es cierto. Además de la económica, vive una profunda crisis política e institucional. El modelo autonómico creado a partir de la reforma política se tambalea. Y las disputas entre los poderes del Estado son constantes. A eso habría que añadir esa cultura política que se ha instalado en España por la que la disputa entre los partidos se desarrolla de forma agresiva y desmedida. El resultado es una inestabilidad estructural.

Sin oferta política y con la crisis estructural que padece, España es consciente de su debilidad estratégica en lo referente al proceso de Euskal Herria; de que en esa situación, el proceso va más allá de la resolución democrática y que adopta una dimensión estratégica. En el proceso no sólo está en juego el reconocimiento de los derechos de Euskal Herria, sino los escenarios que puedan abrirse con los siguientes pasos. Es una confrontación entre proyectos.

Por esa razón, se puede prever que el Estado español, consciente de su debilidad estratégica, tratará por todos los medios de entorpecer y embarrar el proceso político. El Estado no será un interlocutor fiable; nunca lo ha sido, pero menos ahora. Es posible que, a causa de ello, el proceso se bloquee. Y habrá que responder con iniciativas unilaterales, con reivindicaciones soberanistas unilaterales. Ahora más que nunca, el futuro es del pueblo.

domingo, 6 de novembro de 2011

Alfonso Cano : Um intelectual da revolução









Um belo artigo de Manuel Koba, publicado em Kaos en la red, descreve o exemplo de revolucionário que foi Alfonso Cano, brutalmente caçado e assassinado pelo governo colombiano.

Alfonso Cano: un intelectual de la revolución

El pasado Viernes 4 de Marzo del 2011 ha muerto en combate el compañero y camarada Alfonso Cano, antropólogo e intelectual marxista, brillante político revolucionario, Comandante en Jefe de las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejercito del Pueblo). Y una vez más resuenan en los medios comunicacionales estas vocingleras pero aventuradas afirmaciones del supuesto debilitamiento de las FARC. ¿De qué debilitamiento puede hablarse cuando para asesinar a un solo hombre se necesita semejante presión militar compuesta por 6000 tropas de élite contrainsurgente más un cerco militar en el sur del Tolima y Cauca y cuantiosos bombardeos indiscriminados en toda esa región? ¿No se decía que la guerrilla estaba debilitada, erosionada, que ya restaban pocos guerrilleros, etc. etc. etc.? El uso brutal y desproporcionado de la fuerza militar cada vez más notorio y recurrente por parte del ejército burgués torna de una inconsistencia total tales dichos. No existe tal debilitamiento ni mucho menos el curioso “fin del fin de las FARC”, que viene anunciándose desde hace años, desde que nació la guerrilla allá por los años 1964, “fin del fin” que nunca llega.

Intelectuales de la talla de Cano, a pesar de ocupar el escalón jerárquico más elevado, mueren en combate; su muerte es la irrefutable prueba de su igualdad de condiciones y riesgo en relación al resto de sus compañeros, subsistiendo en las adversas condiciones cotidianas de la selva colombiana, sin privilegios, embarrándose en la historia, interviniendo en ella en praxis, alejándose de los cómodos gabinetes y oficinas de estudio teórico que caracterizan a los intelectuales pequeños burgueses. Los intelectuales como Cano ponen a prueba sus diplomas, reconocimientos teóricos y títulos académicos en la práctica revolucionaria, los arriesgan en la práctica, poniendo en juego su vida en forma absoluta e incidiendo de manera determinante en el curso mismo de la historia.

Como en una ecuación matemática los mitos caen y las incógnitas se develan: los narcos como Pablo Escobar (uribe, y demás) se visten de traje y corbata, se movilizan impunemente por la ciudad a plena luz del día con el consentimiento de las autoridades gubernamentales, el narcotráfico los provee de lujos y privilegios y duermen en gigantescas mansiones. Los revolucionarios como Alfonso Cano, en cambio, se visten de guerrilleros, se ocultan y movilizan en la clandestinidad o en la densa vegetación selvática para no ser detectados por los gobernantes tiranos, subsisten superando las carencias y adversidades del medio, luchan arriesgando su vida por un ideal en pos del bienestar del pueblo, y duermen quizás en el suelo, rodeados de plantas y animales salvajes. Así vivió y murió Alfonso Cano, máximo líder y Comandante en Jefe de las FARC-EP.

Su muerte resulta irrebatiblemente dolorosa para los pueblos de Colombia y el resto de nuestra Latinoamérica. Lo lloran en masa trabajadores, campesinos, estudiantes, luchadores por la paz y militantes de toda Colombia y Latinoamérica. Pero la dialéctica afirma que nada es bueno o malo de modo uniforme; la muerte de Cano permite también escombrar mitos prosaicos de supuestas debilitamientos, también aquellos de supuestas ventajas, privilegios y lujos de los lideres por sobre el resto de sus compañeros, y es ocasión más que propicia para reafirmar sus ideas que solo en el intento de materializarlas permanecerán vivas como la de tantos caídos

Quienes luchamos por la patria grande y el cambio social repetimos inclaudicablemente "Podrán cortar todas las flores, pero nunca terminarán con la primavera." La muerte en combate del compañero Alfonso Cano no detendrá el carácter ofensivo y el hostigamiento constante de la guerrilla que ha venido en aumento estos últimos años para que se imponga y prevalezca la paz con justicia social en Colombia. Será una oportunidad de enorme responsabilidad y sacrificio para quien deba remplazarlo en su deber. De nuestra parte de aquí en más debemos redoblar esfuerzos y tomar las riendas del cambio y la transformación social por medio de un compromiso teórico-práctico que resulte inamovible para los enemigos y contendientes de la paz tal como lo hicieron nuestros mártires.

Comandante e Alfonso Cano… ¡Hasta la Victoria Siempre!

Patria o muerte… ¡Venceremos!

Manuel Koba, Patria Grande

O significado do assassinato de Alfonso Cano



Depois de mais de 30 anos de luta guerrilheira, o comandante em chefe das FARC-EP foi assassinado. Morreu combatendo, como um guerrilheiro raso a mais, enquanto que os mandantes de seu assassinato, a elite dourada, jamais subiram nas montanhas nem colocaram um só de seus filhos na frente de batalha"


El significado del asesinato de Alfonso Cano

José Antonio Gutiérrez D.
Rebelión


Después de más de 30 años de lucha guerrillera, el máximo jefe de las FARC-EP ha sido asesinado. Murió combatiendo, como un guerrillero raso más, mientras que quienes lo mandaron a asesinar, la élite dorada, jamás subieron al monte ni han puesto a uno sólo de sus hijos al frente de la batalla. Este era un desenlace que se veía venir, ya que desde el 2008 Cano se enfrentaba a una presión militar impresionante: 6.000 tropas de élite contrainsurgentes a su caza, cerco militar en el sur del Tolima y Cauca, bombardeos indiscriminados en toda esa región. Y finalmente lo “cazaron”, no en Tolima como esperaban, sino en Cauca. El procedimiento fue típico: inteligencia militar (con apoyo decisivo de la CIA), bombardeos, desembarcos desde helicópteros y orden de asesinar, no de capturar.

Este procedimiento, en flagrante violación del derecho internacional humanitario, está en plena concordancia con el componente de la guerra sucia del Estado colombiano llamada “Plan Burbuja”, según la cual hay que golpear a los mandos guerrilleros para provocar un proceso doble: por una parte, estimular las deserciones, por otra, producir un fenómeno de “bandolerización” por la pérdida de los mandos político-militares y desestructuración de la cadena de mando (lo último implica que lo que realmente preocupa a la oligarquía no son la violencia ni la seguridad de los ciudadanos, sino conservar el poder a toda costa).

La muerte de Cano es un golpe militar indudable a la insurgencia, que por primera vez sufre la baja de su líder máximo. No solamente es un golpe por el enorme aprecio que le tenían los insurgentes, sino por el genio político-militar que demostró en su período al mando. En el 2008 los medios, con su normal ignorancia de los temas del conflicto, especulaban sobre el supuesto conflicto en las FARC-EP entre el ala “militar” supuestamente liderada por el Mono Jojoy, y el ala “política”, supuestamente liderada por Cano, al que se le mostraba como un ideólogo dogmático sin experiencia militar significativa. Sin embargo, la realidad demostró lo espurio de los supuestos en los que se sustentaron estas tesis. Cano demostró una visión militar superior a lo esperado por los "opinólogos", logrando una reorientación estratégica de las FARC-EP que las llevaron a recuperar mucho del terreno perdido desde la implementación del Plan Colombia, adoptando una postura de ofensiva estratégica en vastas zonas del país que se aprecia en los contundentes golpes dados por la guerrilla en el período 2009-2011. También en lo organizativo, Cano supo descentralizar la organización para, por una parte, facilitar el trabajo político de masas y por otra, para absorber mejor los golpes del Plan Burbuja sin que se resintiera el conjunto de la organización.

Las FARC-EP, con estructuras más descentralizadas y flexibles, asimilarán con toda probabilidad este nuevo golpe y recompondrán las estructuras de mando para llenar este vacío. Es muy probable que el mecanismo de sucesión de mando previamente establecido (Cano estaba bien consciente de que su asesinato era inminente) ya esté andando y que el sucesor sea Iván Márquez.

Pero lo que está claro es que la resistencia de las FARC-EP a este embate no depende solamente de lo militar sino, fundamentalmente de lo político, y tambien en esto Cano supo abanderar una orientación política que lo demostró como algo distinto a ese personaje obscuro y ortodoxo descrito por los medios. Logró controlar los enfrentamientos entre estructuras farianas con estructuras del ELN en diversos puntos del país. No solamente eso: también logró un pacto estratégico con esa organización, lo cual ha fortalecido a ambos sectores insurgentes. También supo entender el contexto actual de movilización popular, defendiendo un proceso de negociación política del conflicto que permitiera articular las demandas de los diversos sectores populares subordinados. De una u otra manera, buscó formas de que las propuestas de la insurgencia volvieran a instalarse en la mesa como parte del debate político, más allá de temas como el acuerdo humanitario o el proceso de paz, actualizándolas con nuevas lecturas políticas y nuevos análisis de la realidad nacional e internacional. En este sentido, Cano demostró un liderazgo político-militar que permitió un salto estratégico de la organización guerrillera.

¿Morirá todo este trabajo hecho en el último tiempo con Cano? Aún cuando el asesinato de Cano repercutirá en las filas insurgentes, difícilmente ocurrirá tal cosa. El último informe de la Corporación Nuevo Arco Iris (“La Nueva Realidad de las FARC”), publicado en agosto, da cuenta de ello, cuando afirma que aún cuando la muerte de Cano sea inminente, ello difícilmente significaría el fin de la insurgencia o aún un escenario de desplome acelerado. Esta afirmación se sustenta en los hechos por varias razones: primero que nada, porque Cano no tomaba decisiones solo sino como parte de un cuerpo colectivo, el Secretariado Mayor. Se equivoca el establishment colombiano cuando cree que las FARC-EP son una organización sustentada en liderazgos carismáticos. El asesinato del Mono Jojoy (una figura de un carisma mucho mayor que el de Cano entre los guerrilleros) en 2010 así lo demostró –no hubo deserciones en masa y el Bloque Oriental mantiene la presión militar. Lo mismo pudo decirse del fundador de las FARC-EP, Manuel Marulanda, cuya muerte también se especuló que produciría un desmoronamiento de la organización –cuando ocurrió en realidad todo lo contrario, un restructuramiento de la organización y un fortalecimiento organizativo-. Pero tampoco será ese el escenario porque las orientaciones políticas que han enfrentado el intento de “aislamiento político” de la insurgencia, así como las estructuras que han permitido el reacomodo estratégico de las FARC-EP al nuevo escenario de guerra, dominado por el poderío aéreo del Estado y el perfeccionamiento de la inteligencia militar, ya están instaladas y andando. Y han demostrado ser efectivas [1].

Digamos que con la muerte de Cano la insurgencia pierde un valioso dirigente, pero no pierde la razón de ser ni su norte como organización. La orientación de Cano ha sido parte de una orientación colectiva que demuestra el dinamismo de la insurgencia de cara a una ofensiva militar sin precedentes por parte del Estado, así como el carácter orgánico de la guerrilla colombiana. Si bien Cano es el máximo dirigente asesinado, varios otros líderes han sido abatidos en el último tiempo gracias al Plan Burbuja y el efecto esperado por parte del Estado (desplome, desmoralización, bandolerización y deserciones masivas) no ha ocurrido. Y no ocurrirá porque las fuerzas que alimentan al conflicto siguen ahí, y la insurgencia conserva fuertes raíces en la Colombia rural pese a la campaña de exterminio y desplazamiento masivo del Estado colombiano, que llaman “consolidación territorial”. Y porque la insurgencia en Colombia es una insurgencia de carácter orgánico, no basada en caudillos carismáticos. Los movimientos insurgentes de carácter orgánico como las FARC-EP han sabido sobrevivir y aún fortalecerse después de la muerte de sus dirigentes, como ocurrió con el PKK tras el arresto de Abdullah Ocalan, con el FSLN tras el asesinato de Carlos Fonseca, o con las guerrillas africanas PAIGC o Frelimo, tras el asesinato de sus respectivos dirigentes Eduardo Mondlane y Amílcar Cabral. Y su martirio en ocasiones logra fortalecer la moral y redoblar la resolución de lucha de los rebeldes, con lo cual podría haber un efecto boomerang.

Santos, sobre el cadáver del adversario abatido profiere vivas a Colombia, sin poner en duda su concepción de país donde el poder se reafirma con ofrendas de sangre. Dice que el “crimen” no paga (confundiendo rebelión con crimen), mientras el país se asfixia en la corrupción promovida por familias cuyas fortunas se han amasado mediante el asesinato, el desplazamiento, el robo de tierras y la entrega de los recursos naturales mediante pactos fraudulentos. Los medios reproducen partes triunfalistas en los que, ahora sí, nos vuelven a decir, estamos en el fin del fin; no en el fin inmediato, sino en la recta final, etc. Mientras hasta hace unas semanas se quejaban de una guerrilla envalentonada y un ejército desmoralizado, hoy afirman que la guerrilla está desmoralizada y que este golpe desmiente la tesis “maliciosa” de la desmoralización castrense. En realidad esta victoria, por las razones más arriba expuestas, es pírrica, y difícilmente alterará el curso del conflicto según se ha delineado en el curso del presente año o mejorará sustantivamente la moral de la tropa cuya baja se encuentra, como hemos afirmado en otra ocasión, en la naturaleza misma de esta guerra sucia tan degrada. Antes bien, este nuevo triunfalismo (mucho menos pronunciado que el triunfalismo tras la muerte de Raúl Reyes) podría jugar en contra de esa moral cuando el fin del fin no llegue.

Pero no sería correcto afirmar que nada cambiará en el nuevo escenario post-Cano; es indudable que este golpe tendrá efectos. El periodista Alfredo Molano advirtió de que esta victoria militar puede convertirse en una derrota política. Tal cosa no parece descabellada porque quedan claras las intenciones de “paz y diálogo” de Santos, quien ha posado como el presidente de los “derechos humanos”, abierto a la “negociación”. Será mucho más difícil sostener tal cosa para socialdemócratas como Medófilo Medina, Pacho Galán, León Valencia u otros que se han mareado con la “voluntad de paz” del gobierno, después de esta acción, pues ¿cómo hablar de paz mientras se asesina al interlocutor? Pongamos el caso irlandés como ejemplo: el Estado británico estuvo dispuesto a dialogar con la insurgencia (el IRA) y por ello, aunque tenían localizados plenamente a los líderes políticos del movimiento, no los asesinaron para permitir ese espacio de negociación. Tal cosa no ocurre en Colombia, precisamente porque la voluntad de paz o de diálogo no existe. Lo que se busca es el exterminio de los posibles negociadores para lograr la desmovilización. Es decir, la paz de los cementerios, o pacificación sin ninguna transformación política en el país. El resultado de esta política lo conocemos bien en Guatemala o El Salvador. Y eso no es lo que la mayoría del pueblo quiere para Colombia.

El gobierno cierra las puertas al diálogo, ¿cómo reaccionará la insurgencia? Es difícil predecirlo, pero sea lo que sea, es posible ver un período de agudización e intensificación del conflicto por delante pues no parece una opción cruzarse de brazos o seguir reiterando llamados al diálogo y la paz que caen en oídos sordos. Si el gobierno demuestra su voluntad de profundizar la vía militar, entonces es ella la que se profundizará, y sabemos lo que esa vía tiene para ofrecer a Colombia en el marco de la guerra sucia.

El gobierno no entiende el carácter orgánico de la insurgencia, pero sí entiende el carácter social más que militar del conflicto. Por eso es que en estos momentos en que repunta la lucha popular, con los estudiantes, obreros petroleros, trabajadores del transporte, campesinos movilizados, el gobierno se apresta a profundizar la guerra sucia, buscando ampliar el fuero militar, estigmatizando y criminalizando la protesta social, reforzando el aparato paramilitar. Saben ellos que el escenario donde se define el combate no es en el campo de batalla sino que en los campos y calles de Colombia, donde las masas vuelven a desafiar al sistema y a articular su proyecto emancipador. Aunque con los resultados de las últimas elecciones locales, con más de un 50% de abstención, se fortalece de manera superestructural la “Unidad Nacional” y el "santismo" barre toda oposición institucional, esa institucionalidad está cada vez más aislada, es cada vez más vulnerable ante un pueblo al que no se le ha dejado más opción que luchar. Santos aprueba los TLC que hambrearán a las muchedumbres y las someterán a una situación aún más desesperada que la actual. Sus “locomotoras del desarrollo” arrollan y destruyen a su paso las comunidades que quedan. El gobierno de Santos responde a las protestas del pueblo de manera militar, con una represión inusitada, pues no sabe responder de otra manera. Y con ello cierra todas las puertas a una solución al conflicto social que no sea la vía revolucionaria (que no guerrerista-militarista).

Que no se engañe Santos con sus pírricas victorias militares: su mundo anacrónico de dogmatismo neoliberal, entreguismo pro-imperialista, exacerbado conservadurismo, es un mundo en retroceso. Los tiempos actuales son tiempos de lucha, de revoluciones, donde las masas vuelven a adquirir protagonismo. Santos radicaliza el conflicto social y armado, que no es solamente bombardeos contra la insurgencia, sino una estrategia militar contra el conjunto del pueblo –ese es el significado del asesinato de Cano-. Pero en la medida en que se radicaliza el conflicto, las masas colombianas pueden dar a la oligarquía una buena sorpresa, precisamente en el momento en que se creen invencibles y precisamente por donde no lo esperan.

NOTA:

[1] Un balance del conflicto y la apuesta por la guerra sucia de Santos, la he hecho en un artículo previo “Santos: Luz Verde para la Guerra Sucia en Colombia” http://anarkismo.net/article/20768

sábado, 5 de novembro de 2011

Estado Colombiano assassina mais um revolucionário


Alfonso Cano, revolucionário que liderava as FARC-EP


O Estado fascista colombiano assassinou mais um revolucionário hoje. Alfonso Cano, Comandante em Chefe das Farc-EP morreu lutando. Da atual geração de líderes da guerrilha foi o que mais reinvindicou uma saída pacifica para o conflito, reiterando a necessidade de diálogo com o governo colombiano que nunca aceitou qualquer diálogo, optou pelo caminho do exterminio.

Como disse Che Guevara uma vez " O que importa onde a morte nos encontre, desde que outras homens se levantem e empunhem as armas, e novos gritos de guerra e de vitória" .

Nossa homenagem a Alfonso Cano, sua luta não será em vão. Venceremos!!!!


NOTA DAS FARC-EP

Declaración Pública

Escuchamos de la oligarquía colombiana y sus generales el anuncio oficial de la muerte del Camarada y Comandante Alfonso Cano. Resuenan aún sus alegres carcajadas y sus brindis de entusiasmo. Todas las voces del Establecimiento coinciden en que ello significa el final de la lucha guerrillera en Colombia.

La única realidad que simboliza la caída en combate del camarada Alfonso Cano, es la inmortal resistencia del pueblo colombiano, que prefiere morir antes que vivir de rodillas mendigando. La historia de las luchas de este pueblo está repleta de mártires, de mujeres y de hombres que jamás dieron su brazo a torcer en la búsqueda de la igualdad y la justicia.

No será esta la primera vez que los oprimidos y explotados de Colombia lloran a uno de sus grandes dirigentes. Ni tampoco la primera en que lo reemplazarán con el coraje y la convicción absoluta en la victoria. La paz en Colombia no nacerá de ninguna desmovilización guerrillera, sino de la abolición definitiva de las causas que dan nacimiento al alzamiento.Hay una politica trazada y esa es la que se continuará.

Ha muerto el Camarada y Comandante Alfonso Cano. ha caido el mas ferviente convencido de la necesidad de la solución política y la paz. ¡viva la memoria del comandante Alfonso Cano!

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 5 de noviembre de 2011

terça-feira, 1 de novembro de 2011

Ser marxista hoje, por Adolfo Sánches Vázques




Adolfo Sánchez Vázquez é um dos grandes intelectuais marxistas da América Latina. Nascido em 1915 em Algeciras, Espanha, muito jovem teve que sair do país para o exílio quando os fascistas de Franco derrotam a República Espanhola em 1939..
Desde muito cedo se filiou a Juventude Comunista como parte de um compromisso político e ideológico com o socialismo e com a luta antifascista que manteve em toda sua vida.
Atualmente é professor emérito da Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) da Universidade Autônoma do México, a famosa UNAM.
Residente no México desde 1939, ano em que saiu da Espanha, começou sua carreira acadêmica junto com outros refugiados espanhóis. Cursou o mestrado em Letras Espanholas na UNAM e ingressou como assistente de Eli de Gortari, em 1952.Continuou como professor da disciplina a partir de 1955, e desde 1959 é professor titular na FFyL.

Foi nesta Universidade onde seu marxismo, crítico e aberto, penetrou nas aulas, marcando o inicio de sua grande obra que faz parte hoje dos clássicos do marxismo latinoamericano.

Recentemente Adolfo Sanchez Vázquez recebeu o título de Doutor honoris Causa pela Universidad de Habana, de Cuba, onde proferiu um belo discurso em defesa do marxismo, que publicamos abaixo.


Discurso de Adolfo Sánches Vázquez pronunciado ao receber o título de doutor honoris causa pela Universidad de La Habana.

Distinguidos miembros del Consejo Universitario de la Universidad de La Habana.

Doctor Juan Vela Valdés, rector de esta universidad,

Profesores y estudiantes,

Compañeros y amigos:

La decisión del Consejo Universitario de la Universidad de La Habana de otorgarme el grado de doctor honoris causa, me ha conmovido tan profundamente que la expresión de mi agradecimiento resultaría pobre e insuficiente. Pero no puedo dejar de decir que tan alta y honrosa distinción la aprecio, sobe todo, por provenir de una institución universitaria que, junto a sus elevadas contribuciones académicas, tanto ha dado al realce y a la realización de los valores que más podemos estimar: la verdad, la justicia, la dignidad humana, así como la soberanía nacional, la solidaridad, la convivencia pacífica y el respeto mutuo entre los pueblos.

Pero a este agradecimiento institucional, quisiera agregar el personal por la fraternal, lúcida y bella laudatio de quien -Roberto Fernández Retamar- me siento, desde hace ya casi 40 años, no sólo compañero de ideas y esperanzas y admirado lector de su admirable obra poética, sino también persistente seguidor de su conducta intelectual y política al frente de una institución tan consecuente con la digna e inquebrantable política antimperialista de la Revolución Cubana como La Casa de las Américas, a la que tanto debemos los intelectuales de este continente y del Caribe por su defensa ejemplar y constante enriquecimiento de la cultura latinoamericana.

I

A continuación voy a dedicar mi discurso de investidura a la obra que tan generosamente se reconoce con el grado de doctor honoris causa. Y, por supuesto, no para juzgarla, pues yo sería el menos indicado para ello, sino para reivindicar el eje filosófico, político y moral en torno al cual ha girado toda ella: o sea, el marxismo. Pero no sólo el marxismo como conjunto de ideas, sino como parte de la vida misma, o más exactamente: de ideas y valores que han alentado la lucha de millones de hombres que han sacrificado en ella su tranquilidad y, en muchos casos, su libertad e incluso la vida.

Ahora bien, ¿por qué volver, en estos momentos, sobre este eje, fuente o manantial teórico y vital? Porque hoy, más que en otros tiempos, se pone en cuestión la vinculación entre sus ideas y la realidad, entre su pensamiento y la acción.

Cierto es que el marxismo siempre ha sido no sólo cuestionado, sino negado por quienes, dados su interés de clase o su privilegiada posición social, no pueden soportar una teoría crítica y una práctica encaminadas a transformar radicalmente el sistema económico-social en el que ejercen su dominio y sus privilegios. Pero no es éste el cuestionamiento que ahora tenemos en la mira, sino el que cala en individuos o grupos sociales, ciertamente perplejos o desorientados, aunque no están vinculados necesariamente con ese interés de clase o privilegiada posición social. Esta perplejidad y desorientación, que se intensifica y amplía bajo el martilleo ideológico de los medios masivos de comunicación, sobre todo desde el hundimiento del llamado ’socialismo real’, constituye el caldo de cultivo del cuestionamiento del marxismo, que puede condensarse en esta lacónica pregunta: ¿se puede ser marxista hoy? O con otras palabras: ¿tiene sentido en el alba del siglo XXI pensar y actuar remitiéndose a un pensamiento que surgió en la sociedad capitalista de mediados del siglo XIX?

Ahora bien, para responder a esta pregunta habría que tener una idea, por mínima que sea, de lo que entendemos por marxismo, dada la pluralidad de sus interpretaciones. Pues bien, teniendo esto presente, y sin pretender extender certificados de ’pureza’, se puede entender por él -con base en el propio Marx- un proyecto de transformación del mundo realmente existente, a partir de su crítica y de su interpretación o conocimiento. O sea: una teoría y una práctica en su unidad indisoluble. Por tanto, el cuestionamiento que se hace del marxismo y se cifra en la pregunta de si se puede ser marxista hoy, afecta tanto a su teoría como a su práctica, pero -como trataremos de ver- más a ésta que a aquélla.

II

En cuanto teoría de vocación científica, el marxismo pone al descubierto la estructura del capitalismo, así como las posibilidades de su transformación inscritas en ella, y, como tal, tiene que asumir el reto de toda teoría que aspire a la verdad: el de poner a prueba sus tesis fundamentales contrastándolas con la realidad y con la práctica. De este reto el marxismo tiene que salir manteniendo las tesis que resisten esa prueba, revisando las que han de ajustarse al movimiento de lo real o bien abandonando aquellas que han sido invalidadas por la realidad. Pues bien, veamos, aunque sea muy sucintamente, la situación de algunas de sus tesis básicas con respecto a esa triple exigencia.

Por lo que toca a las primeras, encontramos tesis que no sólo se mantienen, sino que hoy son más sólidas que nunca, ya que la realidad no ha hecho más que acentuar, ahondar o extender lo que en ellas se ponía al descubierto. Tales son, para dar sólo unos cuantos ejemplos, las relativas a la naturaleza explotadora, depredadora, del capitalismo; a los conceptos de clase, división social clasista y lucha de clases; a la expansión creciente e ilimitada del capital que, en nuestros días, prueba fehacientemente la globalización del capital financiero; al carácter de clase del Estado; a la mercantilización avasallante de toda forma de producción material y espiritual; a la enajenación que alcanza hoy a todas las formas de relación humana: en la producción, en el consumo, en los medios masivos de comunicación, etcétera, etcétera.

En cuanto a las tesis o concepciones que habría que revisar para ajustarlas al movimiento de lo real, está la relativa a las contradicciones de clase que, sin dejar de ser fundamentales, tienen que conjugarse con otras importantes contradicciones en la sociedad actual: nacionales, étnicas, religiosas, ambientales, de género, etcétera. Y por lo que toca a la concepción de la historia hay que superar el dualismo que se da en los textos de Marx, entre una interpretación determinista e incluso teleológica, de raíz hegeliana, y la concepción abierta según la cual ’la historia la hacen los hombres en condiciones determinadas’. Y que, por tanto, depende de ellos, de su conciencia, organización y acción, que la historia conduzca al socialismo o a una nueva barbarie. Y están también las tesis, que han de ser puestas al día acerca de las funciones del Estado, así como las del acceso al poder, cuestiones sobre las cuales ya Gramsci proporcionó importantes indicaciones.

Finalmente entre las tesis o concepciones de Marx y del marxismo clásico que hay que abandonar, al ser desmentidas por el movimiento de la realidad, está la relativa al sujeto de la historia. Hoy no puede sostenerse que la clase obrera sea el sujeto central y exclusivo de la historia, cuando la realidad muestra y exige un sujeto plural, cuya composición no puede ser inalterable o establecerse a priori. Tampoco cabe sostener la tesis clásica de la positividad del desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas, ya que este desarrollo minaría la base natural de la existencia humana. Lo que vuelve, a su vez, utópica la justicia distributiva, propuesta por Marx en la fase superior de la sociedad comunista con su principio de distribución de los bienes conforme a las necesidades de cada individuo, ya que ese principio de justicia presupone una producción ilimitada de bienes, ’a manos llenas’.

En suma, el marxismo como teoría sigue en pie, pero a condición de que, de acuerdo con el movimiento de lo real, mantenga sus tesis básicas -aunque no todas-, revise o ajuste otras y abandone aquéllas que tienen que dejar paso a otras nuevas para no quedar a la zaga de la realidad. O sea, en la marcha para la necesaria transformación del mundo existente, hay que partir de Marx para desarrollar y enriquecer su teoría, aunque en el camino haya que dejar, a veces, al propio Marx.

III

Ahora bien, reafirmada esta salud teórica del marxismo, hay que subrayar que éste no es sólo, ni ante todo una teoría, sino fundamental y prioritariamente, una práctica, pues recordemos, una vez más, que ’de lo que se trata es de transformar el mundo’ (Tesis XI sobre Feuerbach de Marx). Pues bien, si de eso se trata, es ahí, en su práctica, donde la cuestión de si tiene sentido ser marxista hoy, ha de plantearse en toda su profundidad.

Pues bien, considerando el papel que el marxismo ha desempeñado históricamente, desde sus orígenes, al elevar la conciencia de los trabajadores de la necesidad y posibilidad de su emancipación, y al inspirar con ello tanto sus acciones reivindicativas como revolucionarias, no podría negarse fundamentalmente su influencia y significado histórico-universal. Ciertamente, puede afirmarse sin exagerar, que ningún pensamiento filosófico, político o social ha influido, a lo largo de la historia de la humanidad, tanto como el marxismo en la conciencia y conducta de los hombres y de los pueblos.

Para encontrar algo semejante habría que buscarlo fuera de ese pensamiento, no en el campo de la razón, sino en el de la fe, propio de las religiones como budismo, cristianismo o islamismo, que ofrecen una salvación ilusoria de los sufrimientos terrenales en un mundo supraterreno. Para el marxismo, la liberación social, humana, hay que buscarla aquí y desde ahora con la razón y la práctica que han de conducir a ella.

Aunque sólo fuera por esto, y el ’esto’ tiene aquí una enorme dimensión, el marxismo puede afrontar venturosamente su cuestionamiento en el plano de práctica encaminada a mejorar las condiciones de existencia de los trabajadores, así como en las luchas contra los regímenes autoritarios o nazifascistas o por la destrucción del poder económico y político burgués. Los múltiples testimonios que, con este motivo, podrían aportarse favorecen esta apreciación positiva de su papel histórico-práctico, sin que éste signifique, en modo alguno, ignorar sus debilidades, sombras o desvíos en este terreno, ni tampoco las aportaciones de otras corrientes políticas o sociales: demócratas radicales, socialistas de izquierda, diferentes movimientos sociales, o de liberación nacional, anarquistas, teología de la liberación, etcétera.

IV

La cuestión se plantea, sobre todo, con respecto a la práctica que, en nombre del marxismo, se ejerció después de haberse abolido las relaciones capitalistas de producción y el poder burgués, para construir una alternativa al capitalismo: el socialismo. Ciertamente, nos referimos a la experiencia histórica, que se inaugura con la Revolución Rusa de 1917, que desembocó en la construcción de la sociedad que posteriormente se llamó el ’socialismo real’. Un ’socialismo’ que se veía a sí mismo, en la ex Unión Soviética, como la base, ya construida, del comunismo diseñado por Marx en su Crítica del programa de Gotha.

Sin entrar ahora en las causas que determinaron el fracaso histórico de un proyecto originario de emancipación, al pretender realizarse, puede afirmarse: primero, que, no obstante los logros económicos, sociales y culturales alcanzados, condujo a un régimen económico, social y político atípico -ni capitalista ni socialista-, que representó una nueva forma de dominio y explotación. Segundo: que ese ’socialismo’ significó, no obstante, un dique a la expansión mundial del capitalismo, aunque es evidente también que con su derrumbe la bipolaridad en la hegemonía mundial dejó paso a la unipolaridad del capitalismo más depredador, concentrada en el imperio de Estados Unidos. Y tercero: que la opción por, y las esperanzas, en la alternativa social del socialismo quedaron sumamente reducidas o cegadas, así como las del marxismo que la inspiró y fundamentó. A ello contribuyó decisivamente la identificación falsa e interesada del ’socialismo real’ con todo socialismo posible y la del marxismo con la ideología soviética que lo justificó.

V

Puesto que no es tan fácil negar el carácter liberador, emancipatorio, del pensamiento de Marx y del marxismo clásico, los ideólogos más reaccionarios, pero también más perspicaces del capitalismo, tratan de sostener la imposibilidad de la realización del socialismo. Y para ello recurren a diversas concepciones idealistas del hombre, la historia y la sociedad. Unas veces apelan a una supuesta naturaleza humana inmutable -egoísta, competitiva-, propia en verdad del homo economicus capitalista, incompatible con la fraternidad, solidaridad y cooperación indispensable en una sociedad socialista. Otras veces se valen de la concepción teleológica de la historia que decreta -muy hegelianamente- la inviabilidad del socialismo al llegar aquélla a su fin con el triunfo del capitalismo liberal, o más exactamente neoliberal.

También se recurre a la idea fatalista de que todo proyecto emancipatorio, al realizarse se degrada o desnaturaliza inevitablemente. Y, por último, se echa mano del ’pensamiento débil’ o posmoderno para el cual la falta de fundamento o razón de lo existente invalida toda causa o proyecto humano de emancipación.

Como es fácil advertir, en todos estos casos se persigue o alimenta el mismo fin: confundir las conciencias, desmovilizarlas y cerrar así el paso a la organización y la acción necesarias para construir una alternativa social al capitalismo y, por tanto, a todo pensamiento que -como el marxista- contribuya a ella.

VI

Ahora bien, aun reconociendo la falsedad de los supuestos ideológicos en que se apoyan estos intentos descalificadores, así como los intereses de clase que los promueven, es innegable que, a raíz del hundimiento del ’socialismo real’, se da un descrédito de la idea de socialismo y un declive de la recepción y adhesión al marxismo. Y ello cuando la alternativa al capitalismo, en su fase globalizadora, se ha vuelto más imperiosa no sólo porque sus males estructurales se han agravado, sino también porque al poner el desarrollo científico y tecnológico bajo el signo del lucro y la ganancia, amenaza a la humanidad con sumirla en la nueva barbarie de un holocausto nuclear, de un cataclismo geológico o de la supeditación de los logros genéticos al mercado.

De tal manera que, en nuestros días, el agresivo capitalismo globalizador hegemonizado por Estados Unidos, al avasallar, con sus guerras preventivas, la soberanía y la independencia de los pueblos, al hacer añicos la legalidad internacional, al volver las conquistas de la ciencia y la técnica contra el hombre y al globalizar los sufrimientos, humillaciones y la enajenación de los seres humanos, atenta no sólo contra las clases más explotadas y oprimidas y contra los más amplios sectores sociales, sino también contra la humanidad misma, lo que explica el signo anticapitalista de las recientes movilizaciones contra la guerra y de los crecientes movimientos sociales altermundistas en los que participan los más diversos actores sociales.

La emancipación social y humana que el marxismo se ha propuesto siempre pasa hoy necesariamente por la construcción del dique que detenga esta agresiva y antihumana política imperial estadunidense. Pues bien, en la construcción de ese dique al imperialismo que tantos sufrimientos ha infligido al pueblo cubano, está hoy sin desmayo, como siempre, y fiel a sus orígenes martianos, la Revolución Cubana.

VII

Llegamos al final de nuestro discurso con el que pretendíamos responder a la cuestión de si se puede ser marxista hoy. Y nuestra firme respuesta al concluir, es ésta: puesto que una alternativa social al capitalismo -como el socialismo- es ahora más necesaria y deseable que nunca, también lo es, por consiguiente, el marxismo que contribuye -teórica y prácticamente- a su realización. Lo cual quiere decir, a su vez, que ser marxista hoy significa no sólo poner en juego la inteligencia para fundamentar la necesidad y posibilidad de esa alternativa, sino también tensar la voluntad para responder al imperativo político-moral de contribuir a realizarla.

Por último, reitero mi más profundo agradecimiento a la Universidad de La Habana, porque con la alta distinción que me otorga, me da un vigoroso impulso para continuar, en su tramo final, la obra que ha tenido y tiene como eje teórico y vital al marxismo.