terça-feira, 15 de julho de 2008

Economia Solidaria como movimento social contra hegemônico






O potencial da Economia Solidária como um novo movimento social alter-mundista, contra hegemônico é um tema ainda pouco analizado. Conhecida como uma prática de trabalho e produção que resgata os principios da autogestão da produção, a Economia Solidária vem crescendo na América Latina como uma alternativa oriunda da ação coletiva dos traqbalhadores e trabalhadoras excluídos do sistema capitalista hegemónico. A Economia Solidária não apenas tem avançado no campo produtivo mas sobretudo na sua própria organização política através de Redes e Foruns, de âmbito nacional e internacional. Em um contexto de econômica gobalizada, existe uma necessidade de globalizar a ação política de fortalecimento desta outra economia, o que torna a Economia SOlidária um potencial movimento social com perspectiva emancipatória, articulado a outros movimentos como de mukheres, juventude, movimento de luta pela terra; desempregados assim como apresenta alternativas de desenvolvimento econômico local e sustentável a partir da autogestão. O texto abaixo é uma parte do projeto de pesquisa de doutorado que estou realizando na Universidad de Granada sobre Economia Solidária como Movimento Social contra-hegemônico.


ECONOMÍA SOLIDARIA: ¿UN NUEVO MOVIMIENTO SOCIAL CONTRA HEGEMÓNICO?
Paulo Marques


Para comprender los factores que contribuyeron al crecimiento de la economía solidaria en Latinoamérica es necesario hacer un breve resumen de los cambios económicos acontecidos en el continente en las últimas dos décadas.

Según un estudio de Dupas sobre el contexto económico de América Latina en las dos últimas décadas la trayectoria de desarrollo económico y social de las naciones latinoamericanas evidencia su distanciamiento del mundo desarrollado, así como también de la región asiática. “Esto se expresa tanto en función de un crecimiento mediocre, próximo a la estagnación en términos per capita, como a raíz de las consecuencias económico-sociales provocadas por la forma de inserción en el mercado global ( Dupas, 2005:29).

Iniciado en la transición de la década de 1980 a la siguiente, el proceso de globalización latinoamericano fue encarado como la única salida posible para la crisis de endeudamiento externo deflagrada por el colapso mundial de principios de los años 80 y por los procesos hiperinflacionarios que devastaban a algunos de estos países. En el transcurrir del período, los principales países de la región fueron adoptando las políticas recomendadas por el Consenso de Washington[1].

Tras quince años de aplicación del “Consenso de Washington” que propició un crecimiento mediocre e inestable en todos los países de Latinoamérica, es posible avaluar ahora las consecuencias de este modelo de inserción en la globalización a partir de las premisas neoliberales. Conforme señal Dupas, “Desde el punto de vista de la estructura productiva y de los grupos de control, la adopción de una política liberal amplia, rápida y radical condujo a estas economías- principalmente as de mayor envergadura- a una desestructuración de la antigua base productiva, pues estaba disociada de cualquier estrategia de desarrollo nacional”(Dupas, 2005:36).

Sin embargo, las grandes corporaciones transnacionales adquieren una posición hegemónica en la región, ya sea mediante la adquisición de empresas estatales, ya sea por la absorción de las empresas comandadas por la incipiente burguesía nacional que en gran parte pasa a actuar con una condición de asociada subalterna de las grandes corporaciones, con rasgos más mercantiles que propiamente industriales. ( Dupas, 2005: 36)

La simbiosis de intereses entre la comunidad financiera y las autoridades económicas gubernamentales se constituyó en un elemento singular de esta nueva época y parece ser la razón por la cual los países latinoamericanos vienen conduciendo el proceso de globalización entrado en la dimensión financiera( Dupas, 2005: 37).

En relación a la composición y evolución de las clases sociales latinoamericas el escenario presentado por Dupas no deja duda de los efectos sociales de 20 años de políticas neoliberales, caracterizada por un notable incremento de la desigualdad de renta, por la concentración persistente de la riqueza en las clases mas ricas de la población, por la rápita expansión de la clase de microempresarios, por la reducción del empleo público y estancamiento del sector formal(Dupas, 2005: 39).
El sector más afectado fue sin duda la clase trabajadora. Estudios realizados sobre las cuestiones laborales apuntaron que de los empleos formales generados en Brasil entre 1985 y 2002, la mitad fue en el sector publico, quedando el sector privado con la contratación de puestos de trabajo más precarios, tales como por tareas y temporarios. “Como se podía esperar, hubo estagnación de los puestos de trabajo en la industria como un todo; mientras que, en el caso de loso grandes y medianos establecimientos de la industria de transformación de la región sudeste (las más industrializada de país) ocurrió una caída de un millón de puestos de trabajo formal en el mismo período" ( Conztanza, 2004: 200)

Del punto de vista del desarrollo económico y social, conforme muchos analistas, las dos ultimas décadas del siglo XX fueran perdidas para América Latina, lo que llevó a un proceso de desempleo en masa, cierre de miles de empresas y reducción de la producción y del empleo, calculase en millones el número de puestos de trabajo eliminados en todo el continente.

Pese a la fuerte “modernización” por la cual han pasado las economías de los países latinoamericanos en los últimos 15 años, persiste en la región un cuadro grave y creciente de miserabilidad de sus sociedades, incentivando indirectamente, a mediano y largo plazo, parcelas crecientes de la sociedad a utilizar mecanismos alternativos de sociabilidad en actividades que exceden los marcos legales del Estado, incrementando los índices de marginalidad.
Sin embargo, tenemos la reacción a ese cuadro de crisis por parte de la clase trabajadora a través de la práctica de la economía solidaria. Son innumeras las acciones en ese sentido realizadas en América Latina a partir de la década de 1990. En Brasil son organizadas por movimientos como el MST – Movimiento de los sin tierra, que empiezan a construir cooperativas populares en el medio rural, en medio urbano en Argentina y Brasil son organizadas cooperativas de producción en empresas en proceso de falencia. Otra iniciativa en ese sentido es la creación de muchas cooperativas populares urbanas por parte de la CUT, mayor central obrera de Brasil.

También fortalece la economía solidaria como propuesta alternativa a los efectos de las políticas neoliberales el Foro Social Mundial, que constituyen en momentos polarizador, que posibilitan el avance de la creación de identidades de los protagonistas de la economía solidaria. Según Paul Singer, uno de los más conocidos investigadores de la economía solidaria de Brasil, el crecimiento de esas prácticas de producción y trabajo autogestionario es fruto de la diversidad y multiplicidad de experiencias:

En la medida en que las luchas fueran se desarrollando, hubo un esfuerzo creciente ( y aún no finalizado) de desarrollar una teoría de una “otra economía”, basada en la pose colectiva de los medios de producción por unidades asociativas que poden asumir o no la forma de cooperativas, pues allá de los emprendimientos productivos, compone la economía solidaria otras iniciativas como las organizaciones de micro finanzas, cooperativas de consumo, clubes de cambios, empresas recuperadas de autogestión, entre otras” (Singer 2006: 202).

En ese sentido que esas propuestas de superación de los problemas sociales que caminan hasta la formación de nuevos movimientos sociales, tienen un papel fundamental en los procesos de cambio. Desde el enfrentamiento a las políticas de exclusión del liberalismo hasta la construcción de propuestas y acciones colectivas de carácter político constituye en esos primeros años del siglo XXI una novedad en diversos países, con importancia para lo que ocurre en estos momentos en América Latina.

El fortalecimiento de los movimientos sociales en Latinoamérica no es un hecho aislado del conjunto de movimientos sociales que avanzan en las más diferentes partes del mundo sino que es parte integrante de lo que se denomina ahora de movimientos antiglobalización o contra-hegemónicos. No es posible comprender los cambios políticos en América Latina actual, con la elección de gobiernos progresistas y de nítido carácter de izquierda, sin llevar en consideración el papel de los movimientos sociales en ese proceso.

Lo que caracteriza la composición de la economía solidaria en América Latina es su origen de clase, básicamente compuesta por trabajadores(as) desempleados(as) e informales, que crean emprendimientos colectivos, organizado a partir de los principios de la autogestión y democracia participativa en las relaciones de producción y organización del trabajo. Son principios antagónicos al capitalismo, por ello tiene una potencial crítica práctica hacia la propia sociabilidad capitalista orientada por los valores de la competición, individualismo y acumulación privada del capital a cualquier costo.

En este sentido, la economía solidaria en América Latina, adquirió un fuerte sentido de crítica práctica inserta en el contexto de las nuevas formas y movimientos sociales, cuya mayor expresión fue el proceso del Foro Social Mundial que proporcionó un espacio de amplificación de esas prácticas contra-hegemónicas como alternativa a la lógica capitalista.

A partir de este contexto, rápidamente la vanguardia del movimiento de la economía solidaria, es decir, los nuevos actores sociales que asumirán la dirección de ese proceso organizativo-político, principalmente las ONGs, pudieran crear espacios de articulación y movilización en torno a este tema. Los foros de economía solidaria y las redes constituidas, representan formas de auto-organización que van creciendo tanto en movilización social; así como en fuerza política junto a los poderes públicos y la sociedad, no sólo en el ámbito nacional, sino también internacional, en la medida que muchas redes se estructuran como articulaciones supranacionales.

Todavía el debate sobre las posibilidades de la economía solidaria viene a constituirse como un nuevo movimiento social basado en una praxis de acción colectiva, con capacidad política de constituirse en un proyecto de desarrollo económico sustentable, justo y solidario, ha sido poco explorado en las investigaciones sobre este tema, de la misma forma el análisis del papel protagónico del movimiento y sus nuevos actores sociales en la construcción de alternativas de desarrollo económico local.
En ese sentido, abordaremos algunos elementos que caracterizan esa nueva economía, sobre todo, a partir de su significado conceptual y político.

Economía solidaria como práctica contra-hegemónica

A partir de la práctica que realizan -trabajo y producción colectiva basada en la autogestión- y de los actores y procesos políticos que empiezan a crear, así como su proyecto y programa ¿Es posible identificar la economía solidaria como un nuevo movimiento social contra-hegemónico? ¿Qué es, de facto, ser contra-hegemónico? ¿Todas las personas o grupos que luchan en contra la hegemonía son por consecuencia emancipadores?

Para intentar encontrar algunas respuestas es necesario apuntar dos elementos: la aproximación teórica sobre el concepto de hegemonía y contra-hegemonía y la autodefinición del propio movimiento de la economía solidaria.
Podemos buscar los orígenes del concepto de hegemonía entre los autores marxistas; el propio Karl Marx utilizó el termino en algunos momentos de su amplia elaboración teórica, entretanto, no lo desarrolló como concepto. Se hace pertinente el uso de ese termino porque la teoría marxista defiende que la conciencia no puede estar separada de la existencia material, ya que el ser humano es un producto del medio, o sea, de su forma de vida, de su trabajo y de su clase social. De este modo, todo el conjunto de factores que abarca nuestra existencia es determinante para la elaboración de una conciencia general que lleva a las personas a interpretar la vida de una cierta manera y aceptarla como legítima.

Fue el italiano Antonio Gramsci que utilizó el término hegemonía en un tipo especial de concepto teórico, el cual es clave en su obra, y desde allí pasó a influenciar gran parte de la literatura que trabaja con las formas de control y ejercicio de poderes sobre las sociedades. A partir de las ideas defendidas por Marx, según las cuales las ideas dominantes en una sociedad son las ideas de la clase dominante, Gramsci hice una análisis de la sociedad capitalista en que la hegemonía burguesa amplia su influencia a la mente y a las actitudes de las personas en el ejercicio del controlo político y económico de la sociedad.

La hegemonía es un sofisticado instrumento de control que sirve a los intereses de la ideología burguesa. A partir de ese planteamiento se puede añadir que la contra-hegemonía es un proceso de construcción de una contra-influencia, una nueva visión del mundo, en el campo político, cultural y económico, o sea, una idea fuerza capaz de sustituir los valores y principios antes hegemónicos en la sociedad.

En un estudio sobre la economía solidaria, Luis Razeto, utiliza ese concepto de Gramsci para analizar como un movimiento social construye una contra hegemonía. Ese autor aborda la cuestión de los desafíos de la economía solidaria para llegar a constituirse como proyecto hegemónico; según Razeto, Gramsci identifica tres grandes etapas o fases que todo movimiento social que plantea un proyecto alternativo debe transcurrir:

La primera es la fase de la escisión, que puede ser también diferenciación u separación, donde el movimiento busca expresar su propia identidad, mostrar que es distinta y afirmar su diferencia en relación a quienes busca superar. Según Razeto esa “es una fase primitiva, pues mientras se está separada no se está en condiciones de transformar la realidad, se está solamente creando condiciones para ser protagonista, para ser actor, sujeto”.

Cuando se ha completado la fase de la escisión, o sea, cuando ya se tiene una identidad, se tiene una claridad respecto al que se es, en ese caso, cuando se tiende a pasar a una segunda fase, que es la fase del antagonismo.
En la fase del antagonismo se identifica como la etapa en que “el movimiento empieza a combatir la otra realidad, desde la cual se ha separado: se lucha contra, se le critica, se la denuncia, se desarrolla una acción de lucha, donde se está antagonizando el adversario”. Pero Razeto señala la advertencia de Gramsci según el cual en esa fase hay un gran peligro de que uno se subordine y pierda, y le introduzcan “contrabando ideológico”, y le introduzcan maneras de pensar o racionalidades que no son las propias. Otro peligro es el dogmatismo, pues hay un gran esfuerzo, como muy dogmático, para evitar cualquier contaminación, porque cualquier contaminación debilita el antagonismo.

Para Razeto esa fase del antagonismo puede ser considerada como una primera fase de la economía solidaria, en la cual se está experimentando la dependencia del adversario, porque uno se está definido “contra” o “anti”, como “anticapitalista”, “otra economía”. Pero todavía hay una definición a partir de una negación.

Al contrario, afirma Razeto es la tercera fase, que para Gramsci era la más necesaria para que cualquier movimiento alcance la capacidad de transformar la realidad que es la autonomía. En esa fase no hay sólo separación y antagonismo, sino autonomía que consiste en elevarse a un punto de vista superior, que no es lo mismo que separación u independencia.

Según Razeto la autonomía es el mayor desafió de un proyecto pues “se llega a acceder a un punto de vista más alto, superior, más comprensivo; no solamente estar fuera, que es la separación, no solamente estar contra, que es antagonismo, sino estar sobre, o sea, haber alcanzado una visión más amplia y ser capaz, por lo tanto, de valorar incluso al adversario, de aprender algunas cosas de él y empezar a captarlo, a ganarlo, ya no tener temor de ser absorbido, sino empezar a absorber”. ( Razeto, Luis, S/F)

O sea, si construir un proceso contra-hegemónico es ir más allá; es ir en contra la hegemonía de un sistema, pero es también ir en contra los principios creadores del sistema y proponer nuevos valores y paradigmas, la economía solidaria puede ser comprendida como un movimiento contra-hegemónico. Todavía esta situación no da certezas en cuanto a que ese proceso de construcción de una nueva hegemonía (por parte de la economía solidaria) sea posible en la actual coyuntura.
Lo que podemos identificar en esa nueva economía con los actores sociales que en ellas si integran, es la construcción de un movimiento social con una plataforma programática que conforma estrategias de organización y acción política, donde es posible reconocer la búsqueda de un proyecto contra-hegemónico.

Economía solidaria como nuevo movimiento social en construcción: Una autodefinición.


Las formas de organización política de los actores sociales de la economía solidaria son los Foros y redes, caracterizados como espacios abiertos de articulación, elaboración de propuestas y estrategias de acción. Aunque revindique su autonomía como espacios de actores de la sociedad civil, ellos se abren para una relación de interdependencia con los poderes públicos, o sea, permite también la participación de representantes instituciones del Estado.

Tanto los foros como las redes configuran instrumentos político-organizativos que articulan el “campo” o “universo” de la economía solidaria. La complejidad del campo de la economía solidaria actualmente refleja en diferentes formas de expresión y organización autónomas de sus actores, o sea, allá de la unidad en torno de los principios de la Economía Solidaria, cada organización y entidad tiene su autonomía organizativa con sus ideologías y concepciones. En ese sentido es un espacio que no se configura como un campo de consensos, mas si de distintas visiones cuando al significado político de la economía solidaria.

A partir de esa diversidad de sujetos y “visiones” ¿Cómo es posible comprender el significado de la organización política de la economía solidaria? Entendemos que un camino para comprender ese proceso es señalado por Castel, según el cual “los movimientos sociales han de comprenderse en sus propios términos: a saber son lo que dicen ser. Sus prácticas (y sobretodo sus practicas discursivas) son su autodefinición”.

Este planteamiento, destaca Castell, nos evita la complicada tarea de interpretar la “verdadera” consciencia de los movimientos, como si sólo pudieran existir revelando las contradiciciones estructurales “reales”. O sea, “una operación de investigación diferente y necesaria es establecer la relación entre los movimientos, según los define su practica, sus valores y sus discursos, y los procesos sociales a los que parecen estar asociados. ( Castel, 1997, 92-93)

Castell hace hincapié a la topología clásica de Alain Toraiune, que define un movimiento social mediante tres principios: la identidad del movimiento, el adversario del movimiento y la visión o modelo social del movimiento, que yo denomino objetivo social.
La identidad hace referencia a la autodefinición del movimiento, de lo que es, en nombre de que habla. El adversario hace referencia al principal enemigo del movimiento, según lo identifica éste de forma explícita. El objetivo social hace referencia a la visión del movimiento del tipo de orden social, u organización social, que desearía obtener en el horizonte histórico de su acción colectiva (Castel, 1997, 93-94).

A partir de esa línea de análisis planteada por Castel, según cual los propios actores pueden autodefinirse como movimiento, es posible avaluar el movimiento de economía solidaria por sus propios documentos como el caso del Foro Brasileño de Economía Solidaria:

El movimiento de Economía Solidaria ha crecido de manera significativa, no sólo en Brasil sino también en muchos otros países. Su crecimiento se debe a innumerables factores, entre los cuales merece la pena destacar los seguintes:

Resistencia de trabajadores y trabajadoras a la creciente exclusión, desempleo urbano y desocupación rural resultante de la expansión agresiva de una globalización que vuelve a las personas totalmente descartables para el funcionamiento de la máquina de producción y consumo. Tal resistencia se manifiesta, en primer lugar, como lucha por la supervivencia, en la conformación de un mercado informal creciente, donde surgen iniciativas de economía popular, tales como vendedores ambulantes, guardadores de coches y tantos otros emprendimientos normalmente dedicados a la reproducción de la vida y de carácter individual o familiar. Con la articulación de diversos actores, esta resistencia también se manifiesta bajo la forma de iniciativas asociativas y solidarias dedicadas a la reproducción de la vida, pero que van más allá, apuntando hacia alternativas estructurales de organización de la economía, basadas en valores como la vida y la solidaridad y no más en la ganancia y acumulación indiscriminada: ésta es la economía Solidaria que se está construyendo y que va creciendo rápidamente
.

"En nuestro país, el crecimiento de la Economía Solidaria como movimiento- superando la dimensión de iniciativas aisladas e independientes y orientándose hacia una articulación, configuración de redes y lucha común-, da un salto considerable a partir de los Foros Sociales Mundiales, espacio privilegiado donde distintos actores, organizaciones, iniciativas y emprendimientos pudieron construir una integración que culminó en una demanda al recién elegido presidente Lula de creación de una Secretaria Nacional, se ha convocado el III Pleno Nacional de Economía Solidaria o Foro Brasileño , representando este movimiento en el país. Con estos espacios, sumados al Foro Social Mundial, podemos decir que la Economía Solidaria en Brasil ha pasado por un crecimiento y estructuración muy grandes".[2]

En relación a la autodefinición del FBES como representante del movimiento de economía solidaria en Brasil:

"Creado en junio de 2003 en el III Pleno Brasileño de Economía solidaria, el Foro Brasileño de Economía Solidaria (FBES) es hoy el espacio nacional de articulación, debates, elaboración de estrategias y movilización del movimiento de Economía Solidaria de cara al poder público (en los ámbitos federal, estadual y municipal a través de la Coordinación Nacional y de los Foros Estaduales y municipales) y de cara a entidades, redes y articulaciones nacionales e internacionales".

Cuanto a su proyecto y programa el Foro Brasileño, elaboró una Carta de Principios de la Economía Solidaria y una plataforma de la Economía Solidaria que están permanentemente en construcción. Mientras la carta de principio proporciona elementos de fundamentación para el movimiento. La plataforma presenta las principales metas que deben alcanzarse, además de servir como documento de base para la interlocución con la Secretaria Nacional de Economía Solidaria ( SENAES). La plataforma de Economía Solidaria ha sido integralmente acogida por la SENAES en su plan de acción plurianual

Los ejes de acción del FBES son siete:

1- Democratización del conocimiento y tecnología
2- Redes de Producción, Comercialización y consumo;
3- Finanzas solidarias
4- Marco Legal;
5- Educación;
6- Comunicación;
7- Democratización del Conocimiento y Tecnología;

Cuanto a la identificación de los actores sociales protagonistas del movimiento que articulan la organización política del FBES son identificados tres seguimientos sociales: emprendimientos solidarios; entidades de accesoria y fomento, y gestores públicos. Todavía, hay una clara identificación sobre cual es el protagonista principal:


“El principales protagonistas del movimiento son los trabajadores y trabajadoras de los emprendimientos económicos solidarios (EES). Son denominados emprendimientos solidarios las distintas formas concretas de manifestación de la economía solidaria. La principal característica de esos emprendimientos son su heterogeneidad, son cooperativas ( de producción, de servicios, de consumo, de comercialización y de créditos solidarios); asociaciones populares; grupos informales de producción y servicios, empresas recuperadas de autogestión ( empresas capitalistas quebradas recuperadas por los trabajadores) fondos solidarios; clubes y grupos de intercambio solidarios( con o sin utilización de moneda social, o moneda social); redes y articulaciones de comercialización y de cadenas productivas solidarias, agencias de turismo solidario, entre otras. Todos estos emprendimientos se caracterizan por basarse en los principios y valores expresados en la Carta de principios del la Economía Solidaria, entre los cuales se destacan el ejercicio de la autogestión en su organización interna y el hecho de que son supra-familiares en su carácter de actividad económica.” (Documento del FBES)

El otro seguimiento que compone el Foro son las entidades de accesoria y fomento, que normalmente se organizan bajo la forma de ONGs, Incubadoras de Universidades entre otros institutos de apoyo. El tercer segmento es de los gestores públicos, representante de gobiernos estaduales y municipales, están representados en la coordinación del FBES a través de la Red Nacional de gestores de Economía Solidaria.

El planteamiento de los desafíos es muy claro en los documentos de presentacipación del movimiento.

“El gran desafío es el horizonte dado, en gran medida al crecimiento muy rápido de la economía solidaria, es el fortalecimiento del movimiento de economía solidaria: que las personas protagonistas de la economía solidaria puedan verse como parte de un movimiento nacional e internacional, además de la ( ya bastante difícil) lucha por la supervivencia específica de un determinado emprendimiento: esto involucra la necesidad de trabajar la formación de estos actores en los valores y principios de la economía Soldaría y, principalmente, fortalecer los Foros Estaduales y Municipales de Economía Solidaria, de tal forma que el movimiento tenga más capilaridad y articule las distintas experiencias de economía solidaria en el país”.

La consolidación y afirmación de su identidad son los dos grandes desafíos, para los cuales se propone la estructuración y ampliación del movimiento en todo el país como una de las principales estrategias:

Por tratarse de un movimiento que sólo recientemente se ha estructurado de forma orgánica a escala nacional, el movimiento de Economía Solidaria ha debatido intensamente la consolidación y afirmación de su identidad y estruturacicón. Es un consenso el hecho de que el fortalecimiento del movimiento de la Economía Solidaria en el país depende fuertemente de la existencia de Foros Estaduales fuertes, activos y movilizados en sus Estados. El FBES ha conseguido articularse a nivel nacional, y surge ahora como una prioridad su fortalecimiento a niveles estaduales y municipales”

En ámbitos regionales e internacionales la articulación de redes de economía solidaria es uno de los factores que contribuyen para el avance de la economía solidaria en el contexto de los movimientos sociales contemporáneos.
Dos ejemplos de redes supranacionales son la RILESS- Red de Investigadores Latinoamericanos de economía Social y Solidaria que en su página web presentase con el objetivo de "desarrollar una Red de Investigadores Latinoamericanos que trabaje dentro de un marco plural, contribuyendo a la elaboración de proyectos, intercambios y diversas formas de cooperación, facilitando y promoviendo trabajos multidisciplinarios, con el fin de fortalecer las iniciativas colectivas por otra economía, otra sociedad y otra política en América Latina.”
Otra rede con carácter internacional es RIPESS- Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social y Solidaria que se presenta en su página web como una Red que procura reforzar dinámicas de intercambios intercontinentales y las diferentes maneras de pensar en la economía social y solidaria. Así como participar en el cambio social por la crítica del neoliberalismo y la promoción de iniciativas innovadoras. La autodefinición de la red contiene también su concepción de la Economía Solidaria:
La Economía Social y Solidaria designa a un conjunto de actividades económicas con finalidad social que participen por la construcción de una nueva manera de vivir y de pensar la economía a través de decenas de millares de proyectos en países del Norte y del Sur. Se desarrollan aquellas actividades tanto en zonas urbanas como rurales, en el sector informal como en el formal. La Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social y Solidaria (RIPESS) contribuye a una mejor cohesión entre las prácticas de la economía social y solidaria y aumenta el poder de actuar de los diferentes actores de este sector”.
Las acciones que propone son:

"Reforzar dinámicas de intercambios intercontinentales y las diferentes maneras de pensar en la economía social y solidaria.Promover los principios, valores y prácticas, asi como la puesta en red de actores de la economía social y solidaria.Participar en el cambio social por la crítica del neoliberalismo y la promoción de iniciativas innovadoras adelantadas aspirando al desarrollo desde adentro de la sociedades.Hacer el alegato a favor de la diversidad intercultural, la democracia y la participación popular para el desarrollo comunitario y el completo desarrollo humano.Apoyar, aconsejar y acompañar técnicamente a empresas con finalidad social".

Una mirada en las páginas web sobre las diversas organizaciones de los movimientos sociales, permite que encontremos una gran cantidad de redes y foros como estas dos experiencias que presentamos, pero creemos que estos dos ejemplos sean suficientes para ilustrar este trabajo en la medida que podemos identificar la ampliación y globalización de los procesos organizativo-políticos de la economía solidaria en el contexto actual.

Consideraciones finales

A partir de las consideraciones de Angel Calle que señala que “una metodología de observación de los movimientos sociales no debe ofrecernos leyes sobre el funcionamiento de estos fenómenos, sino herramientas para evaluar tendencias y deconstruir procesos de acción que, paralelamente, contemplen la influencia de contextos específicos” (Calle:2003) intentamos algunas consideraciones finales aunque incompletas y provisorias.
Primero la comprensión de que es posible identificar la existencia de una práctica que se auto-reconoce como movimiento social a partir de sujetos colectivos con identidad, intereses y proyecto asociado a los principios, contenidos normativos , prácticas y propuestas de la economía solidaria.
Un movimiento social, que, por tanto asimila las características de un movimiento de clase- el principal protagonista es la clases trabajadora- retomando así una de las características de los “antiguos” movimientos obreros; sin embargo, asimila también las características de los nuevos movimientos sociales (NMS), con sus formas organizativas horizontales y articuladas en foros abiertos y redes sin centralismo o jerarquía así como mantiene las demandas de los NMS como la cuestión de género, medio ambiente, étnica. O sea, se puede añadir que el movimiento de economía solidaria compone una siéntese de viejos y nuevos movimientos sociales.
Otro aspecto es su característica de práctica local y articulación política global a partir de una plataforma, con programa y principios definidos , que surge en el seno del Foro Social Mundial, o sea, el movimiento de la economía solidaria esta inserido en el contexto de las propuestas alternativas a la globalización capitalista.
Por esas características expuestas, por ahora no es posible afirmar que el movimiento de la economía solidaria avanza hasta una nueva hegemonía, o que supone cambios significativo en diversos ámbitos político, cultural y sobretodo económico, capaz de tornarse alternativa concreta al modelo capitalista de producción. Por lo tanto, lo que se puede identificar en el actual estadio de desarrollo del movimiento es su caracterización como un movimiento de nuevo tipo en construcción, en el contexto de los movimientos sociales del siglo XXI.
El avance político-organizativo de los trabajadores de la economía solidaria es innegable, todavía, la consolidación y capacidad de constituirse como proyecto de sociedad dependerá de un conjunto de factores internos (en relación al propio movimiento) como externo (en relación al contexto político).

En ese trabajo fueron presentados algunos elementos sobre las características del nuevo movimiento de la economía solidaria, situados dentro de lo que denomino como movimiento social contemporáneo. Propuso algunos elementos para futuras análisis donde sea posible una comprensión más sistemática y rigurosa de su estructuración y alcance social, político e histórico.
Aunque hoy se hablen y escriba sobre economía solidaria y sobre los movimientos sociales en Latinoamérica, teóricamente los aportes aún son mucho restrictos y casi inexiste estudios sobre la relación de la economía solidaria y su caracterización como movimiento social.
Este breve estudio que hicimos presentando los principales enfoques y aportes teóricos sobre los movimientos sociales y en particular a los movimientos del siglo XXI, nos permiten afirmar que los modelos europeos y norte-americanos de análisis se presentan problemáticos y distantes de la realidad de América Latina.

Se hace necesario, por tanto, un avance en dirección de la superación de esas limitaciones teóricas, a partir de análisis que comporte las distintas dimensiones del proceso, o sea, su dimensión socioeconómica; político-institucional y simbólica cultural ( Entrena, 2001:206), en el sentido de comprender de forma rigurosa las características particulares de los movimientos sociales latinoamericanos de ese inicio de siglo; avaluando su potencial transformador y su papel en los procesos de cambio social en curso.


[1] El “Consenso de Washington” fue una doctrina formulada a partir de un documento original escrito por John Willianson, en 1990, que proponía una lista de diez políticas que deberían ser adoptadas como mínimo denominador común de las orientaciones de las instituciones internacionales con sede en Washington- especialmente el FMI y el Banco Mundial- para los países latinoamericanos. (Dupas, 2002:10)
[2] Documento distribuído en el Foro Social Mundial, Venezuela, 2006 : Foro Brasileño de Economia Solidária- La Experiência de gestión y organización del Movimiento de Economia Solidaria en Brasil, Enero de 2006.
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